martes, 22 de diciembre de 2009

Sobre la pintura





Nunca he sido un artista, esto debe quedar claro no vayan a creerse que mi casa está llena de cuadros magníficos pintados por mí, en absoluto. Aparte de los dibujos que hacía en el colegio y que me suponían capones y castigos con demasiada frecuencia, siempre se ha mantenido en mi cabeza la idea de pintar y dibujar. Me parece increible cómo los artistas sacan de unos cuantos pigmentos y pinceles algo maravilloso que hace estremecer el alma. Pero para mí lo que la pintura ha supuesto en las ocasiones que la he ejercido ha sido una enorme sensación de paz y de sosiego, es más, creo que es la mejor de las terapias para situaciones de agobio.

La primera vez empecé con dibujo a lápiz y carboncillo para seguir luego con acrílico. De estas primeras lecciones recuerdo sobre todo lo encorsetado que somos los adultos, a veces pienso que nos han metido un palo por el culo, con perdón, e intentamos evitar que se caiga. Ya con 39 años, por lo menos, me enfrenté a un trozo de papel blanco para dibujar con lápiz. Fue igual que en el colegio cuando a uno le empiezan a castrar las ilusiones y la creatividad; seguro que recuerdan la coletilla continua de las señoritas cuando nos decían:

-“No os salgáis de las líneas. Dibujad dentro de ellas, no fuera”

Pues así me sentí. No sabía por dónde empezar, me daba miedo salirme….pero esta vez de un papel blanco, sin líneas que marcaran el dibujo. Tenía que pararme y pensar que iba a hacer en cada minuto y lo más complicado era pensar que los demás compañeros, que la verdad iba cada uno “a su bola” y la profe de pintura, Rosa, me estaban observando. Cuando fui capaz de superar esa etapa ya pude manchar y enguarrinar el papel sin ningún complejo. Ahora es cuando de verdad empezaba a disfrutar, saliéndome de las líneas y sabiendo que no estaba haciendo nada malo, al contrario, lo que hacía era crear, porquería, pero creaba, salía de mí con total libertad.

Después, la pintura al acrílico y la acuarela me han permitido espantar algún fantasma en mi vida, pues cuando me he dedicado a ellas el tiempo ha pasado muy deprisa distrayendo mi mente de asuntos que parecían muy importantes pero no lo debían ser tanto cuando con unas meras pinceladas se nos olvidan o al menos se quedan relegados a un segundísimo plano.

Hace un tiempo iba un día a la semana a pintar acuarelas. Era una clase en francés, imagínense lo difícil que me resulta aprender la técnica, ya de por sí complicadísima, si encima las lecciones las da un tipo con bigote que se pasa hablando todo el rato en un francés quebequense y haciendo bromas; yo, por si fuera poco, le contestaba en inglés. Después de esto, espero que no vean nunca ninguno de mis cuadros pues cualquiera que fuera psicólogo o psiquiatra sacaría unas conclusiones sobre mi persona que no me dejarían nada bien, peor incluso que cuando terminen de leer estas páginas.

Creo que en España deberíamos poner como asignatura obligatoria la pintura y el dibujo hasta los niveles más superiores de la educación esto nos permitiría educarnos en la creatividad y en el sosiego, dos aspectos que nos hacen mucha falta en la actualidad. Le dedicamos demasiadas horas a la adquisición de conocimientos muy prácticos que permiten que funcione la maquinaria social que nos convierte en meras partes de un complejo engranaje pero no en personas. Al igual que el dibujo y la pintura, la música, esa gran abandonada de nuestro sistema educativo, sería fundamental. A menudo me pregunto cómo narices tenemos tan magníficos artistas en nuestro país. ¿Será precisamente porque no lo fomentamos y algunos tienen la necesidad de expresarse libremente ante el sistema que le oprime?


2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el texto y me ha recordado a cuando yo viví allí, en Montréal. Muy interesante lo que dices, pretendo seguir con frecuencia tu blog

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  2. Yo también me acuerdo de las clases de pintura en la Academia Azteca. Esas clases tan locas,a las ocho y media de la noche, en las que no parábamos de hablar. me acuerdo de Rosa, de Jorge el médico, de Jesús el peluquero y sus chistes, de Isabel la chiquita de 16 años encantadora y...me acuerdo de tí. Ha pasado ya mucho tiempo. Por diversas casualidades me he encontrado este blog y fíjate hablas de algo que yo también viví. No sé si te acuerdas ya de mí, soy Silvia...disculpame. Me ha gustado leer todo esto

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