martes, 22 de diciembre de 2009

Educación y mujer en Europa: si se educa a una mujer, se educa a toda la familia. Eduquemos a las familias y educaremos a toda la sociedad.

Me paro a pensar y busco ratificar el tópico de que en educación siempre hay más mujeres que hombres, tanto docentes como alumnado. Dada la alta cifra de abandono escolar en España, más del 31% del mal denominado fracaso escolar, me decanto por saber cómo se sitúan nuestras alumnas frente al colectivo de alumnos: ¿son más éstas? ¿qué niveles alcanzan dentro de los sistemas educativos?¿qué carreras estudian más?

Para dar respuesta a mis preguntas busco dentro de Eurydice, la red sobre sistemas educativos europeos, más concretamente en su publicación Key data on Education 2009 o Las cifras clave de la educación 2009. Esto es lo que descubro.

En primer lugar es interesante saber qué porcentaje de estudiantes en relación a la población general de Europa, de una Europa de 27 países, tenemos. Siempre pensé que eran más sin embargo descubro que el porcentaje está entre el 15% y el 25% en la mayoría de los países. Sólo Islandia tiene unos niveles superiores al 25%. ¿Qué representa esto dentro de Europa? Si supones que Europa la formamos unos 500 millones de habitantes, esos porcentajes representan entre 3 millones y 5 millones de alumnos respectivamente en relación a la población general, es decir, una población joven no muy numerosa.

Primera conclusión: Europa envejece.

Las estadísticas muestran que en los últimos cinco años la población de alumnos, desde primaria a educación terciaria, en Europa ha disminuido en cinco puntos porcentuales. Un dato positivo es que de toda esta población estudiantil, más del 90% de los jóvenes entre los 3 y los 19 años están dentro de los sistemas educativos. Esta cifra se da en 16 de los 27 países analizados y en países como Bélgica, Francia y Estonia, ese porcentaje se eleva hasta el 95%. España no está mal situada, nos encontramos con un 93,9% dentro de ese grupo de edad.
La cifra desciende a medida que avanzamos en la edad del grupo. La causa es la finalización de lo que se denomina la “educación obligatoria”. Si aumentamos el espectro hasta los 29 años observamos que la media en toda Europa pasa de ese 90% a un escalofriante 65%. ¿Qué hace toda esa cohorte de personas? ¿Entran todas en el mercado laboral?¿Pasan a engrosar las listas del paro?¿Son más mujeres u hombres?

En la Unión Europea las cifras de mujeres que se encuentran dentro de la educación o en formación es, dentro del grupo de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, ligeramente superior al 60% comparado con un 57% de hombres. La diferencia es significativa en algunos países como Estonia, Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Portugal, Eslovenia y Suecia. En España también ocurre lo mismo y nos encontramos con un 59% de mujeres frente a un disminuido 51.4% de hombres. En todos estos países la diferencia es superior en 7 puntos porcentuales y no se puede hacer una diferencia cultural entre los llamados países meridionales y países del norte, están representados ambos de manera equilibrada. Sólo dos países: Alemania y Holanda, tienen un cierto equilibrio con el 65% en ambos sexos en Alemania y el 66% en Holanda.
No ocurre lo mismo si nos fijamos en qué tipo de educación se encuentran unos y otras. En primer lugar cabe destacar un equilibrio entre la denominada educación general y la formación profesional en toda Europa. Si bien es cierto que existen diferencias entre algunos países y así por ejemplo encontramos que Eslovaquia, Chequia, Austria y Liechtenstein tienen más del 70% de los alumnos en la llamada formación profesional superior, nuestros ciclos formativos de grado superior. Sin embargo lo más significativo es que si segregamos por sexos la participación en la formación profesional de hombres y mujeres nos topamos que el patrón es esencialmente masculino. Son más los hombres que las mujeres en formación profesional en todos los países europeos con diferencias de porcentajes superiores al 10%. La situación es incluso peor en algunos países como Bulgaria, Estonia, Italia, Malta y Polonia donde este porcentaje asciende al 20% de diferencia, y eso que la tasa de participación general es casi la misma que en la educación general.

Segunda conclusión: la formación profesional sigue siendo aún mayoritariamente masculina.
Sólo Bélgica, Holanda, Reino Unido y España tienen un relativo equilibrio en la distribución por sexos en formación profesional con una diferencia de unos 5% porcentuales. En España el total de la formación profesional representa un 42,5% frente al 57,5% de la educación general. Por sexos tenemos un 54,9% de hombres en educación general frente a un 45,1% en la formación profesional y en mujeres un 59,8% en educación general frente a un 40,2% en formación profesional. Se aprecia que la participación de la mujer en la educación general es 5 puntos más elevada que la de los hombres pero esa diferencia se recupera, a favor de los hombres, en la formación profesional.

Pero ¿qué ocurre después de la educación obligatoria? La duración de esta etapa depende de los sistemas educativos nacionales, finalizando en algunos en lo que denominan educación secundaria mientras que en otros terminan en la educación secundaria superior.
En términos generales la participación decrece y resulta significativo como en países tales como Alemania, Reino Unido y Malta menos del 50% de los jóvenes continúan inscritos dos años después de haber terminado la educación secundaria obligatoria.
En la mayoría de los países las mujeres se mantienen más tiempo en la educación que los hombres y esta tendencia es más remarcada en Bélgica, España, Irlanda, Rumania e Islandia en los que se aprecia que dos años después de la etapa obligatoria las mujeres representan 10 puntos porcentuales más, o incluso porcentajes más elevados, que los hombres. Estos datos son aún más significativos si se comparan las cifras entre el primer y el segundo año después de la educación obligatoria: en algunos países la diferencia en el segundo año de más mujeres llega a superar el 3,5%.

Tercera conclusión: las mujeres son más constantes en la continuación de sus itinerarios formativos.

¿Y qué ocurre con las mujeres en la educación superior? ¿Cómo están éstas representadas en universidades y en ciclos superiores de formación profesional? En la educación terciaria, en definitiva.

Si tenemos en cuenta los datos disponibles, un tercio de los jóvenes entre 20 y 22 años se encuentran en la educación terciaria. Si bien es cierto que depende del país podemos afirmar que es en esta edad, 20 a 22 años cuando nos encontramos con los picos más altos de población escolarizados en educación terciaria. En cuanto a sexo se refiere, salvo algunos países como Alemania, Austria y Portugal, donde los jóvenes tienen que hacer el servicio militar o el servicio civil obligatorio, no encontramos grandes diferencias entre las edades a la hora de llegar a la educación terciaria. Sin embargo entre los 18 y los 39 años las tasas de participación femenina son normalmente más altas que la de los hombres y es especialmente remarcable en los estados bálticos, Eslovenia, Islandia así como en Alemania.

Las cifras cantan y nos muestran una realidad.

Cuarta conclusión: en la mayoría de los países hay más mujeres que hombres que participan en la educación terciaria.

De media por cada 123 mujeres en educación superior tenemos a 100 hombres, esto con cifras de 2006 y en la Europa de los 27. Si observamos los países nórdicos, social y económicamente más avanzados, como son Suecia, Noruega e Islandia, nos encontramos que por cada 100 hombres en educación superior tenemos a 150 mujeres.

Esta participación más elevada de mujeres está, o puede estar relacionado, con esa constancia en la continuidad de los itinerarios y en el no abandono escolar temprano de las chicas, así como en un acceso por parte de los jóvenes masculinos a la formación profesional de grado medio lo que impediría, en parte, el acceso de los mismos a la educación superior por “engancharse” antes al mercado laboral.

Quinta conclusión: la representación mayoritaria de la mujer en la educación terciaria tiene un impacto claro en el número de mujeres graduadas por cada 100 hombres.
En el caso de España por cada 100 hombres tenemos 117 mujeres, según cifras del año 2006.
Pero ¿en qué campos se enrolan las mujeres que llegan a la educación terciaria de manera general? Todavía el rol masculino femenino en las carreras universitarias o profesionales de nivel superior sigue estando muy marcado. Tres son básicamente los campos de conocimiento en los que participan mayoritariamente las mujeres, a saber, Educación, Salud y Bienestar Social y Humanidades y Artes.

En la Europa de los 27 representan casi el 75% del alumnado en Educación y Ciencias de la Salud, y lo que es más, dicho porcentaje sigue siendo el mismo, estable, desde el año 2002. En los países nórdicos el tanto por ciento supera el 80%. En cuanto a las Humanidades se refiere las mujeres son también mayoría, un 66% en todos los países de media.

Por el contrario en carreras como las ciencias sociales, empresariales, derecho, matemáticas, informática y ciencias en general, así como en las distintas ingenierías, los hombres sobrepasan en número al de mujeres que se inscriben y terminan dichas carreras. Por ejemplo, en ingenierías la media de mujeres en la Unión Europea es de un bajísimo 24% y en ningún país representa más del 40% de la población estudiantil en dichas especialidades.
Tan sólo en el sector servicios, agricultura y ciencias veterinarias parece que haya un cierto equilibrio entre hombres y mujeres con un pequeño detalle de aumento en la agricultura desde el año 2002 por parte de las mujeres.

Observando el caso español, en porcentajes de mujeres estudiantes en los diferentes campos de estudios terciarios nos encontramos lo siguiente: en educación hay un 78,2% de mujeres, un 60,8% en humanidades y artes, un 76% en salud y bienestar social, un 58% en ciencias sociales, empresariales y derecho y luego, como en el resto de Europa, nos encontramos con 34.1% en ciencias, matemáticas e informática y un 28% en ingenierías y construcción. En servicios el tanto por ciento es de más del 57% y en agricultura y ciencias veterinarias del 54%.

De todos modos, las mujeres siguen manteniendo un ritmo estable en todos los niveles educativos y con tendencia al alza lo que nos da pie para pensar en una última conclusión: todavía hay esperanza de que podamos cambiar nuestras sociedades y que vayamos hacia modelos de crecimiento distintos a los actuales. Eso sí, debemos dedicarle más esfuerzo e inversiones para que más mujeres, y en mejores condiciones, sigan en la senda de la educación.

Además, si vemos los ejemplos que se han dado en otros sectores como el económico y los microcréditos, se debería invertir más en la educación de las mujeres, sobre todo aquéllas en colectivos en riesgo de exclusión social como el colectivo gitano, las mujeres inmigrantes, las víctimas de violencia de género y de trata, la mujeres mayores de 40 años y que no tuvieron acceso en su día a la educación bien por roles de la sociedad o bien por decisión propia.
En definitiva, las mujeres son un verdadero motor del cambio social y si su educación mejorara la educación de las familias mejoraría también y por ende la sociedad entera.


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