martes, 18 de mayo de 2010

De religiones e iglesias no sé nada pero......


En esta tarde de septiembre, paseando por la calle San Lucas de Madrid, uno de los muchos Madrid bonitos, me he topado de bruces con esa especie de coche-moto, que cuando éramos pequeños llamaban “isocarro”, ocupado por dos monjas: una, la más joven, conductora, la otra, mayor, la copiloto. Ambas tocadas con sus ropas de monjas, cuando de repente se me han aparecido a la imaginación unas mujeres musulmanas cubiertas por su velo. ¿Acaso no podría tener cierta equivalencia?

Nosotros los que vivimos en sociedades históricamente cristianas pero que tuvimos o nos vimos, al menos un poquito, influidos por la Revolución Francesa, creemos que somos más modernos, progresistas en todos los aspectos de la sociedad y más adelantados que otras culturas que no tienen nuestro mismo sustrato. Podemos afirmar que, efectivamente, estamos muy adelantados en aspectos sociales, tecnológicos, científicos, médicos, incluso políticos, me atrevería a decir. Sin embargo, se nos olvida que nuestra sociedad es muy compleja y que lo que nos trasmiten los medios de comunicación o nuestra propia experiencia vital no siempre se reflejan en la realidad, esto de las monjas, con todo mi respeto, es un ejemplo de ello.

Dirán que no sé lo que me digo pero, de repente, durante el paseo, me ha dado por pensar que nuestras mujeres monjas, que hacen, la verdad sea dicha, una enorme labor social la mayoría de ellas-si no lo creen vengan a la calle San Lucas y a las múltiples congregaciones que hay en mi barrio- representan a esas mujeres de enorme religiosidad que han dado su vida por una creencia y que al pertenecer a una religión con iglesia jerarquizada optan por una determinada obediencia y tipo de vida espiritual y que las mujeres con velo musulmanas que pertenecen a una religión sin iglesia, aunque igualmente jerarquizada, y que, al igual que la iglesia católica, las relega a un segundo plano, son el ejemplo claro de una religiosidad mal entendida por nuestro mundo occidental.

Si no nos molestamos, si no nos planteamos en términos generales cómo viven y cómo son tratadas nuestras monjas, si bien es cierto que cada vez son menos en número, no debemos, según mi criterio, plantearnos la vida de las mujeres musulmanas siempre y cuando sea una opción personal y no una imposición; o mejor dicho, planteémonos ambos casos y dejemos de ser hipócritas pensando que hemos evolucionado más que nuestros vecinos de religión.


lunes, 17 de mayo de 2010

Sobre nada y todo



Cuando uno escribe como lo hago yo ahora, puede hacerlo sobre todo o sobre nada en particular. Lo que en principio era un ejercicio de racionalización sobre mi educación, se convierte en un continuo de ideas que pueden tener, o no, alguna relación. Volviendo al tema que me lleva, creo que en mí, y en la gente de mi generación, y quizas en la anterior también, la educación ha fracasado.

Si se preguntan por qué les contestaría: “por la especulación”. Todos nos hemos convertido en especuladores. Es como cuando uno engaña a su pareja, tal vez no lo haga uno en realidad, llegando a lo físico, pero con el pensamiento se hace constantemente; pues lo mismo pasa con la especulación.
Bien sea porque no tenemos dinero para llevarlo a cabo, bien porque nos da miedo perder lo que tenemos, bien porque no sabemos cómo, pero especulamos al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría ser como esos especuladores que se “forran” sin apenas dar ni golpe, o al menos no demasiado? Ahí está el fracaso de la educación en nuestro país.

Aunque esté generalizando, creo que ha fracasado pues entiendo que la educación nos debe hacer mejores y ayudarnos a crear una sociedad más justa, solidaria e igualitaria que ofrezca, aunque suene a utopía, las mismas oportunidades a los individuos que la conformamos, aunque después, dependiendo de nuestras competencias y capacidades, tengamos mayor o menor éxito social. Esto es, a mi entender, una sociedad igualitaria, que no niveladora.

En fin, que creo que ha fracasado pues en vez de crear esa riqueza que hace que el conjunto de la sociedad sea mejor, lo que hemos logrado es que nos hagamos más individualistas y que miremos por nuestro propio interés. Sustraerse a la especulación es muy difícil pues si lo hace uno, se acaba pensando que nos hemos convertido en unos gilipollas. Mientras los demás se forran nosotros seguimos con nuestro prejuicios éticos y morales, y así nos va.

Es muy triste ver como tiene que ser el gobierno, si éste es más social claro está en su política, quien establezca medidas correctoras contra la especulación en vez de salir del propio ciudadano que ha comprendido que su actitud egoísta tan solo llevará a un empeoramiento de esa solidaridad de la que antes hablábamos.

En mi la educación también ha fracasado en ese aspecto. A mí me gustaría poder ganar dinero para dejar de pensar en él y creo que como funcionario, y menos ahora con las “medidas de ajuste presupuestario”, eso no va a ser posible así que espero algún día poder especular aunque sea con la colección de cromos antiguos o los soldaditos de plomo que tengo para poder vivir como un auténtico especulador, es decir, sin dar ni golpe.


miércoles, 12 de mayo de 2010

Estulticia y mili



¿Acaso son términos parejos la estulticia y la ya desaparecida “mili”? No, en absoluto, pero en ocasiones los actos de estupidez eran tales en la mili que uno lo llegaba a creer. La verdad es que no sé por dónde empezar pues tantas eran las cosas inútiles, al menos aparentemente, que teníamos que hacer que me abruman. Tal vez deba empezar por la primera contradicción: escaquearse.

Sí, sí, escaquearse. Ahora, y antes también me temo, se da en muchos ministerios de nuestra Administración con mayúsculas. Los que jueguen al ajedrez sabrán que el escaque es cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente en que se divide el tablero. Por lo tanto escaquear es dividir en escaques o si nos referimos a una unidad militar, como es el caso, dispersarse de forma irregular , pues bien yo aprendí el término en su forma reflexiva: “escaquearse”, que significa eludir una tarea u obligación común.

Imagínense a ochocientos soldados, suboficiales, oficiales y mandos de un cuartel de ingenieros escaqueándose todo el santo día ¡qué estupidez! Pero algo de verdad había. Te enviaban a “perolines” es decir, servicio de cocinas, nada que ver con Ferrán Adriá, Arguiñano, Arzak u otros maestros culinarios, ¡qué va! Era ni más ni menos que hacer todas las tareas de limpieza, preparación de alimentos, recogida, transporte de cajas, etc. que se hacían insoportables pues empezaba uno a las 6 de la madrugada y terminaba a la 1 de la noche del día siguiente. No le quedaba más remedio a uno que escaquearse marchándose a las letrinas o la hidroterapia, término eufemístico para denominar a las duchas de las cuales apenas si salía un chorro pues estábamos en Melilla y el agua, por su mala calidad, era un bien escaso, al menos en los 80 del siglo pasado.

Como estaba en Transmisiones, CTPC -Centro de Mando de Transmisiones- ( ¿de dónde narices salen las siglas?, otro ejemplo) tuve la suerte de acabar en una estación de radio militar, para algo sirve el ser licenciado ¿no? Desde allí pasábamos mensajes, supuestamente secretísimos, a la península por si al “moro” infiel se le ocurría atacar la plaza. Todo era muy pero que muy profesional. Sobre todo los códigos alfanuméricos. El nuestro, en las dos emisiones que hacíamos al día, en distintas horas, a Cádiz y Sevilla respectivamente, era OPT, sí, sí, no era “Operación Triunfo” pero casi. Estas siglas las leíamos como “Oscar-Papa-Tango” –según el código internacional de transmisión- seguido de 5/5 que significaba “le recibo alto y claro”. Esta retahíla la repetíamos de seguido:

- “ Aquí Oscar-Papa-Tango, ¿me recibe?” (repetido hasta la saciedad)(pruébenlo, es como estar lobotomizado después de unos días haciendo lo mismo)

Y si a la vieja Racal le daba por funcionar, ya que a veces se nos olvidaba ponerle agua destilada a la batería de coche a la que estaba conectada, con muchas interferencias recibíamos un:

- “5/5, le recibo alto y claro”

Y así, día a día hasta cumplir los nueve meses y medio de estancia continuada sin salir de aquella plaza española en suelo africano. Curiosamente, a pesar de empezar ya a introducirse lo que luego daría en llamarse “nuevas tecnologías”, teníamos un palomar (tampoco estaría mal tener alguno ahora en los ministerios para cuando se "cae la red"). Allí un subteniente se dedicaba a mimar a un buen número de palomas mensajeras que se sabían el camino a casa, es decir a la península, desde Melilla. Espero que no se hayan deshecho de ellas pues era lo único sensato que había; como sabrán lo primero que se hace en una guerra actual es acabar con todos los medios de comunicación del enemigo para descoordinar su fuerzas y si uno tiene palomas, éstas seguro que alcanzan su objetivo sin que nadie las interrumpa en su vuelo. A veces me pregunto si el "enemigo" está a las puertas de nuestra casa pues lo que es la informática ministerial.........

Entre las aparentes tonterías estaba lo que hacía la compañía de zapadores, montar y desmontar un puente continuamente. Me imagino que en caso de conflicto es algo fundamental pero tendrían que ver ustedes como sudaban los pobres zapadores. En la vida civil montamos y desmontamos aceras pero a diferencia de los zapadores, esto sí que no tiene ninguna utilidad salvo para alguna empresa.

¿Y las maniobras en las que uno se tiraba de un camión en marcha en plan “BOEL” (Brigada de Operaciones Especiales de la Legión)? Lo malo es cuando uno había caído del camión y desde el suelo buscaba a sus compañeros con la mirada, se los encontraba a todos tirados por el suelo sin poder levantarse cargados con el cetme, trinchas y macuto. También ahora en mi vida civil sigue siendo algo parecido; si miro para atrás veo a compañeros caídos a los que la administración ha dejado abandonados; al menos en el otro sitio no te abandonaban nunca.

Pues miren ustedes, a pesar de todo esto y mucho más, comparto la opinión de Rosa Montero en su artículo de la revista del País del pasado domingo 9 de mayo de 2010 en el que decía que nuestras fuerzas armadas son una de las pocas instituciones de las que nos podemos fiar en nuestro triste país.

En fin, éstas y muchas más historias que en el fondo ahora son divertidas, tanto que estoy deseando realizar mi período de formación como oficial en “Reservistas Voluntarios” del Ministerio de Defensa, en serio, al menos sé que son mejores que cualquier ONG que se precie y de una profesionalidad y seriedad más que envidiable.

jueves, 6 de mayo de 2010

De fiestas o guateques




No sé cómo salió el tema. Estaba con mi hijo de casi 15 años (a día de hoy en 2010 ya tiene 19 años) en Reugen´s, una hamburguesería de la calle Sainte Catherine de Montreal, cuando empezamos a hablar de las fiestas que mi hermano Eugenio y yo organizábamos en casa de nuestra madre. Creo que todo salió por un semáforo que me trajo a la mente los dos semáforos, sí, sí, dos semáforos de entrada a garaje, con sus luces rojas y verdes y su carcasa verde de metal pesadísimo, que teníamos en casa y que hacían las veces como si fueran las luces de una discoteca en nuestras fiestas. No recuerdo bien como los conseguimos pero está claro que no me veo yo con un destornillador y unos alicates desmontando en plena calle esos dos semáforos. Echémosle le culpa a otro u otros. La cuestión es que los teníamos.

Los usábamos, como digo, para las fiestas que mi madre nos permitía hacer en nuestras dos habitaciones. Mi madre, mi santa madre debería añadir, se marchaba de casa en esas ocasiones, no sé si se iba a ver a su madre, si se iba con sus amigas o con mis hermanas, lo cierto es que la casa se quedaba para nosotros y era la delicia de nuestros amigos.

Teníamos dos habitaciones; una estaba llena de pósters casi todos con carga política y/o musical, una diana auténtica como las que había en los pubs de Inglaterra, los dos semáforos y un sofá en forma de ele que recorría la pared y que servía ya se pueden imaginar ustedes para qué; para sentarse y charlar, no sean mal pensados.

La verdad es que éramos unos privilegiados. Teníamos un pick-up, tocadiscos o plato donde poníamos LPs y singles. Como mi madre tuvo la brillante idea de mandarnos a Inglaterra en los veranos desde 1975, pudimos mamar allá la música del momento. Vivimos la época punk de los Sex Pistol con su “God save the Queen” and her fascist regime….., the Stranglers, los coletazos de “mods y rockers” de los finales de los cincuenta y los sesenta que se imitaban también en los setenta. La música de “Yes, Genesis, Pink Floyd, Jethro Tull, Ted Nugget, Rick Wakeman y sus caballeros de la tabla redonda o sus ballenas, de Queen, sobre todo de Queen, y también de los Who y su Quadrophenia, Who´s next, etc…

Luego en Madrid, en la calles de Hortaleza y Fuencarral encontrábamos discos importados de América del Norte como los Ramones, Meat Loaf, Jim Croce, ELO, Bee Gees ( a pesar de ser Australianos) y su retorno exitoso con Saturday Night Fever y los discos recopilatorios anteriores.

A todos éstos les añadíamos los discos de la canción protesta que nos sabíamos de memoria con Labordeta, Lluis Llach, Victor Jara, Quilapayún, Los Calchaquis, Raimon, Serrat, etc…. que poníamos después de los lentos cuando veíamos que no íbamos a conseguir nada salvo un buen calentón. Al menos con los discos protesta nos ardía de nuevo la sangre y gritábamos a voz en grito.

Ahora piensen por un momento, ¿Cómo narices puede uno erigirse en un modelo de comportamiento adolescente para nuestros hijos después de lo bien que lo pasábamos con todo esto? Piensen, piensen.