martes, 15 de diciembre de 2009

If you see something, say something” o sobre el miedo

“El miedo es libre” o eso nos han dicho pero yo a esa frase tan conocida le añadiría la coletilla: “y también está canalizado”. Seguro que recuerdan un montón de situaciones, animales o cosas que les generaban miedos cuando eran pequeños. Algunos de estos miedos los habremos superado, otros siguen ahí más o menos latentes pero como adultos hemos sido capaces, en la mayoría de los casos, de conseguir convivir con ellos. Ahora la cosa está más difícil y se va extendiendo junto con la globalización.

No hace mucho crucé la frontera con Estados Unidos desde Canadá y en ese mismo instante comenzó eso que yo llamo “miedo dirigido”. Fuimos en tren, un viaje bonito al ir bordeando el río y ver todos los bosques, y por otro lado tediosísimo pues se tarda casi diez horas en llegar. A las dos horas de haber salido de Montreal llegamos a ninguna parte pues la frontera se encuentra entre unas pocas casas esparcidas y un bosque profundo. Se detuvo el tren y subieron a éste los funcionarios de aduanas estadounidenses: unos seis tipos dos por dos, es decir armarios empotrados, con chalecos antibalas, todo tipo de aparataje, incluidas las esposas que se fabrican en España pero que se venden en USA por no estar permitidas en Europa. Te piden el pasaporte y es entonces cuando uno piensa que efectivamente ha hecho algo malo y le han pillado; tal vez tengan recogido en sus archivos la vez que metí el filete de hígado que servían en el comedor del colegio en la jarra de agua, o cuando me quedé dormido en la garita haciendo guardia durante la mili. ¡Vaya uno a saber! Lo cierto es que te entra una congoja impresionante. Pero lo peor fue cuando nos metieron a todos los pasajeros, a todos sí, en el vagón de la cafetería y pasaron los perros para olisquear el equipaje. Por si fuera poco se llevaron a un tipo, eso sí con cara de “moro”, fuera del tren y no lo volvimos a ver.

¿Qué se puede esperar de un país que hace esto? Uno ve en la cara de la gente cuando llega a Estados Unidos que vive, si no con miedo, miedo, al menos sí con suma desconfianza. Vean este ejemplo para que sepan lo que es la creación de la desconfianza pura. Si antes ya se ponía uno nervioso en los aeropuertos con eso de: “atención, atención, por motivos de seguridad no dejen sus equipajes solos en ningún momento”; mi amigo Carlos me decía que sabían que llegaba yo y que avisaban a los otros para que se dieran cuenta de lo “chori” que era; ahora le añaden el: “if you see something, say something” o lo que sería en una traducción muy libre algo así como: “si ves algo raro, chívate”. Sí, sí no es broma, es verdad, y ves a la gente en estaciones de autobús, de metro, en aeropuertos, mirando con suspicacia al vecino de al lado. Si te tocas el tobillo porque te pica pueden estar pensando que llevas un detonador o algo parecido y vas a hacer volar todo por los aíres.

Seguro que también ustedes han intentado aprender inglés en alguna ocasión y les han enseñado eso de: “nice to see you!!” que en español sería como “me alegro de verte” o algo parecido. Pues también esta inofensiva frase se ha convertido en una señal del miedo que campa por aquí. Cuando uno entra a cualquier tienda o edificio se puede topar de bruces con un cartel que diga: “Nice to see you………………………for your security this area is being watched by a closed video camera system” o sea que como te metas el dedo en la nariz te van a filmar y vete a saber si te acusan de guerra bacteriológica. Uno va con la impresión de ser observado por todos los lados y que está absolutamente controlado.

Todo esto tiene claramente un componente económico. Todo está controlado por compañías de seguridad privadas y por empresas que venden productos de seguridad. Pueblos americanos donde nunca pasa nada compran equipos de vigilancia complejísimos. Algún “marshall”, como los llaman por allí, llega a decir que aunque su pueblo no sea un objetivo estratégico sí que pueden pasar los terroristas por allí; ¡a tomarse un “cynamom roll” no te fastidia!, y claro hay que estar prevenido. No hace mucho un asesor del presidente G.W. Bush pedía a la población que comprara no sé qué tipo de cinta adhesiva, supongo que para sellar puertas y ventanas en caso de “guerra sucia”; una vez terminado su período en la Administración americana fue contratado como altísimo ejecutivo de una compañía fabricante de cinta adhesiva aislante. ¿Coincidencia? No sean mal pensados.

Esto no pasa sólo en EEUU; hace unos años vi algo parecido en Falkirk, Escocia. Falkirk es un pueblecito pequeñísimo en el que uno no se quedaría mucho tiempo a no ser que fuera por motivos de trabajo con la BP, cerca hay una industria de petróleos fortísima, o porque se ha perdido uno por esos páramos. Pues bien, me pareció, una noche, todo tranquilísimo y me extraño no ver ni un coche de policía en todo el pueblo hasta que me fijé en una especie de lámparas urbanas mucho más altas de lo habitual que, por supuesto, no eran lámparas si no cámaras de seguridad, y estaban repartidas por toda la ciudad, seguro que veían todos y cada uno de los movimientos que hacíamos. En fin, una pena pues la sensación de libertad y de tranquilidad va dejando de existir, aunque imperceptiblemente, y el miedo a todo va ocupando poco a poco nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Ojalá sólo sea en las sociedades anglosajonas donde este fenómeno se produzca pero me temo que sus empresas de seguridad tienen tentáculos muy largos y no creo que nos libremos de ellos. Tampoco son cortos los de los laboratorios farmacéuticos.

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