miércoles, 8 de febrero de 2012

Breve
análisis de la seguridad, defensa y de los servicios de inteligencia en Japón

Índice.-
1.-
Introducción.
2.-
Perspectiva histórica de la seguridad en Japón después de la Segunda Guerra
Mundial.
3.-
La derrota del Japón: La Constitución Japonesa de 1946.
4.-
El Programa Nacional de Defensa japonés.
5.-
La Estrategia de Seguridad y su relación con el PND.
6.-
La capacidad de inteligencia del Japón.
7.-
La Unión Europea y Japón.
8.-
Conclusión.
9.-
Bibliografía.
















Breve
análisis de la seguridad, defensa y de los servicios de inteligencia en Japón

“The three disasters
Storms turn into a soft wind
A new, humane wind”
Van Rompuy.
From Van Rompuy to Japan: a
haiku of hope. May
29th, 2011.

1.-
Introducción.
Al igual que el haiku,
forma tradicional de la literatura japonesa, de Herman Van Rompuy, o mejor
dicho, de los haikus en general, y
que ni siquiera son fáciles para los mismos japoneses pues el uso de las
oraciones y de las palabras son muy especiales, así de complejo es el intentar
sumergirse en la cultura japonesa y más complejo es indagar en los servicios de
inteligencia de este país sin conocer su mentalidad tan diferente a la de
cualquier occidental.
Es por lo tanto oportuno intentar una aproximación al
carácter japonés para poder así entender algo más de sus servicios de
inteligencia, estrategias y políticas de seguridad y defensa.
Algo importante que deberíamos tener en cuenta cuando
un occidental se aproxima a Japón, es que éste no debe considerarse sólo como
un país de costumbres diferentes, exóticas y en definitiva un país extranjero
más. Japón se debe abordar como una civilización, compleja, distinta, y de
difícil acceso no sólo por su idioma sino por la idiosincrasia de pueblo
japonés.
Para un ciudadano occidental el individuo, su libertad
individual, es la esencia. Sin embargo, que el individuo se afirme, haga ver su
individualidad frente al colectivo no es algo digno de aprecio en la cultura
japonesa. El japonés medio, como bien se ha apreciado recientemente frente al
terremoto, el devastador tsunami y
las fugas radiactivas, tiene una magnífica capacidad de identificarse con el
colectivo.
Para algunos autores como Hisayasu Nakagawa[1] es
también en esta identificación uniformadora donde se encuentra el fracaso
japonés al hacer de la sociedad una sociedad igualitaria, en el sentido peyorativo
del término, y excluyente, por tanto, de toda forma de originalidad, al menos
en apariencia.
Si repasamos la historia occidental comprobaremos que
ésta está plagada de individuos emprendedores, con iniciativa, que intervienen
en el devenir de la historia. Incluso la enseñanza de esta materia en los
sistemas educativos occidentales se centran en la importancia de dichas
personalidades. Por el contrario, en Japón, su historia no se explica como un
producto de voluntades individuales sino del colectivo.
Procuremos tener en cuenta este aspecto de
colectividad para enfrentarnos a la ardua tarea de intentar comprender cómo
funciona la inteligencia japonesa.

2.-
Perspectiva histórica de la seguridad en Japón después de la Segunda Guerra
Mundial.
Imaginémonos la situación de Japón en 1945: un país
empobrecido por su afán expansionista durante las décadas anteriores y los
subsiguientes conflictos, un ejército cada vez más asediado y la terrible
experiencia de haber sido el primer país en la historia de la humanidad de
haber recibido en su suelo patrio la caída de dos bombas atómicas.
Ante este paisaje desolador Japón se mueve hacia una
política opuesta a la llevada hasta entonces. El primer objetivo fundamental
tras la rendición es, evidentemente, la recuperación económica y ésta no se
puede llevar a cabo sin la ayuda y colaboración de sus vencedores: los Estados
Unidos de América, y el peaje que deberán pagar para lograrlo.
El principal peaje será el de transferir su política
de seguridad a manos de su tutor americano, con la pérdida de soberanía que
esto implica, a cambio de una política económica que permita recuperar lo antes
posibles los niveles de calidad de vida de la población japonesa.
Ya el 3 de noviembre de 1946 se establecerá la nueva
Constitución del Japón, que veremos más detalladamente en el siguiente
apartado, por la cual los japoneses, a través de sus legítimos representantes
elegidos en la Dieta Nacional, se conjuran para asegurar una cooperación
pacífica con todas las naciones del mundo.
Asimismo, resuelven no volver a padecer los horrores
de la guerra ni infringirlos a otras naciones y en el mismo preámbulo de la
Constitución explicitan su fuerte deseo de paz durante todo el tiempo y son
profundamente conscientes de los altos ideales que rigen las relaciones humanas
y están determinados a preservar su propia seguridad y existencia confiando en la
justicia y fe en la paz de todos los pueblos del mundo.
Por otro lado pretenden ocupar un puesto de honor en
la sociedad internacional que combate por la paz y la desaparición de la
tiranía[2].
Posteriormente, en 1951, firma el Tratado de
Seguridad con los Estados y a partir de la Doctrina Yoshida se establece que
Japón debe tener una política exterior basada en tres principios fundamentales:
1.
Alianza
con los Estados Unidos de América.
2.
Rearme
militar mínimo
3.
Concentración
en la economía.
Por supuesto, los
sectores más nacionalistas de la política y el ejército japoneses se opusieron
a esta pérdida de soberanía pero no fueron los únicos pues también rompía en
parte con los principios pacifistas de la Constitución de 1946.
En
la década de los 60 y hasta bien
entrados los 70, la relación de Japón con Estados Unidos está vinculada a los
dos conflictos que este último mantiene en Asia: la guerra de Corea y la guerra
de Vietnam. Ante el miedo del avance comunista en el Este asiático, se incluye
un nuevo artículo, el 6, en el Tratado bilateral por el cual se establecerán
bases militares americanas en Japón.
Como
ahora en Afganistán e Iraq, Estados Unidos, consciente del degaste en ambas
guerras y los pobres resultados obtenidos, exigirá a sus aliados en la zona, y
especialmente a Japón, una mayor implicación propia en la seguridad de la
región. Esto hará que Japón redacte en 1976 su primer Programa Nacional de Defensa
(PND) por el cual se establece el mantenimiento de unas Fuerzas de Autodefensa
(FAD) que permita la respuesta ante cualquier ataque exterior, eso sí, dentro
de una respuesta limitada, convencional, sin vinculación con las armas
nucleares vista su propia experiencia.
En
esta nueva etapa se establece una relación que perdura hasta el día de hoy:
Tokio irá aumentando su poder militar para coadyuvar en la defensa que deberá
hacer su aliado Estados Unidos en caso de ataques de las potencias de la región.
Sin
embargo las limitaciones constitucionales del país nipón hacen que en la
actualidad los resultados de su participación en la seguridad y defensa de su
área estratégica así como en el ámbito global internacional tengan un impacto
muy limitado y haya sido necesario un replanteamiento general que se puede
establecer en dos etapas diferenciadas: la primera en la década de los 90 y la
segunda después de los atentados del 11-S en Estados Unidos.
Estas
dos etapas tienen su origen en una presión endógena y otra exógena; Estados
Unidos fuerza a que Japón apoye su política geoestratégica y por otro el propio
Japón que pretende recuperar protagonismo en el ámbito internacional y para
ello le resulta imprescindible aumentar su poderío militar.
En 1992 establece la Ley de Cooperación para
Operaciones de Mantenimiento de la Paz
bajo bandera de la ONU y siempre que las FAD no tengan que utilizar la fuerza
militar ya que si no se retirarían inmediatamente de la misión en la que se
encontraran.
Asimismo, se revisa el Plan Nacional de Defensa en
1992 y se acuerda actuar conjuntamente con Estados Unidos ante situaciones que
modifiquen el estatus de seguridad en la zona. Por otro lado, con el fin de ser
más eficaces en la política de Defensa y Seguridad, se decide unificar todos
los departamentos que aportan información fundamental para la toma de
decisiones en materia de seguridad. Para lo cual Japón desarrollará sus
servicios de inteligencia y en 1997 se establecerá lo que será el Cuartel
General de Defensa de Inteligencia de Japón.
Ya en la década del 2000 se cambia de eje
parcialmente, y se pasa de una política destinada a contener a China a una
mayor implicación en los acontecimientos del Medio Oriente y del Sudeste
Asiático.
Se aprobarán durante el mandato del Primer Ministro
Junichiro Koizumi (2001-2006) dos leyes fundamentales: la Ley de Medidas
Especiales Antiterroristas (2001) y la Ley de Reconstrucción de Irak (2003) que
ha permitido a Japón enviar tropas a Irak al margen de la ONU siendo la primera
vez desde la Segunda Guerra Mundial que Japón llevaba a cabo este despliegue.[3]
Sin embargo durante el período Koizumi, la política
de Japón en cuanto a seguridad se refiere está fundamentada en el diseño de la
geopolítica estadounidense, no propia, y por ello se identificó por primera vez
a China como posible amenaza militar marcando el conflicto bilateral entre
Tokio y Pekín. Aunque si bien es cierto que Japón se encuentra amenazado en su
poderío militar se debe fundamentalmente a la amenaza económica del gigante
chino que le resta importancia en la región.
Posteriormente a Koizumi, Shinzo Abe daría un nuevo
impulso a las políticas de Seguridad y Defensa. Por una parte elevó el estatus
de la Agencia de Defensa Japonesa y la convirtió en Ministerio de Defensa y por
otro, cambiando el artículo 9 de la Constitución, amplió el marco de acción de
las Fuerzas de Autodefensa (FAD). Ambas medidas han supuesto un fortalecimiento
del papel militar japonés.
En cuanto a Inteligencia se refiere, con Abe se
abrieron nuevas vías como la tecnológica, desarrollando y lanzando al espacio
cuatro satélites propios así como la diplomática estableciendo alianza con otro
de sus vencedores en la Segunda Guerra Mundial: Australia. Ambos países acordaron
en 2007 el “Comunicado conjunto sobre cooperación en materia de seguridad
Japón-Australia.
Con el Primer Ministro Yasuo Fukuda se mantuvo esta
política de Defensa y Seguridad aprovechando, en cierta medida, para despegarse
de la tutela americana y establecer de nuevo su soberanía nacional en estos
asuntos.
Esto desde luego genera dos problemas, uno interno
en el cual se debate intensamente sobre el aspecto pacifista que se dieron los
japoneses con la Constitución de 1946 tras el desastre de la Segunda Guerra
Mundial, y otro externo, con las dudas que se generan en algunos sectores
estadounidenses temerosos de una demasiada “independencia japonesa” en la
actual geoestratégica que haga peligrar los intereses norteamericanos en la
región.
De todos modos, tal vez en estos momentos de crisis
y de mociones de censura, el Primer Ministro Naoto Kan se despegue algo de sus
predecesores al tener que enfrentarse a una situación como la provocada por el
terremoto y el tsunami que recuerda a los japoneses aquélla producida por la
caída de ambas bombas atómicas en 1945.


3.-
La derrota del Japón: La Constitución Japonesa de 1946.
La derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial fue no
sólo una derrota militar, fue el fracaso de toda una civilización. La creencia
de la superioridad de la civilización japonesa frente a la civilización
occidental fue una de las causas de la guerra y, sin embargo, la derrota
produjo un efecto contrario: trajo consigo la americanización de la sociedad
japonesa que perdura hasta nuestros días, al igual que ocurrió en los otros
países derrotados: Alemania e Italia, aunque con signos no tan destacados en la
vida cotidiana por pertenecer éstos al mismo ámbito cultural.
Si algo bueno tuvo esa derrota se puede afirmar que fue
el establecimiento de la Constitución Japonesa de 1946[4]
que pretendía evitar los errores del pasado y que aún hoy tiene una
importantísima relevancia ya que ha dotado al pueblo japonés, a un sector al
menos de la población, de un carácter pacifista que sirve de contención como
hemos visto en el apartado anterior, ante las políticas de los últimos primeros
ministros como Fukuda, Abe y Koizumi.
Para
entender pues la situación actual en cuanto a las políticas de Seguridad y de Defensa japonesas, es imprescindible
hacer un breve análisis de dicha Constitución, especialmente de su artículo 9.
La
Constitución japonesa de 1946 consta de un Preámbulo y de once capítulos
dedicados a los siguientes temas:
·
Capítulo 1: Del Emperador
·
Capítulo 2: Renuncia a la guerra
·
Capítulo 3: Derechos y Deberes del pueblo
·
Capítulo 4: la Dieta
·
Capítulo 5: El Consejo de Ministros
·
Capítulo 6: De la Judicatura
·
Capítulo 7: Finanzas
·
Capítulo 8: Autogobierno local
·
Capítulo 9: Enmiendas
·
Capítulo 10: Ley Suprema
·
Capítulo 11: Medidas suplementarias
De
todos estos capítulos es el segundo, Renuncia a la guerra, el que contiene el
artículo más relevante de la Constitución japonesa, el 9. En dicho artículo
Japón aspira sinceramente a la paz internacional basada en la justicia y el
orden y para ello el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la
amenaza y uso de la fuerza como medios de resolución de las disputas
internacionales[5].
Con
el fin de cumplir con el objetivo de lo anteriormente dicho, los japoneses
decidieron en este artículo prescindir de cualquier fuerza terrestre, naval o
aérea, así como de cualquier otro potencial bélico. No se mantendrán nunca por parte del Estado japonés y el
derecho a la beligerancia del Estado no será reconocido.
Sin embargo, como se ha visto en el apartado
anterior, con el gobierno del Primer Ministro Shinzo Abe, se cambió el artículo
9 dando lugar a la situación en la que se encuentran las fuerzas armadas y su
desarrollo actual.

4.-
El Programa Nacional de Defensa japonés.
El 17 de diciembre de 2010 el Consejo de Seguridad y el
Consejo de Ministros japoneses aprobaron, teniendo en cuenta las circunstancias
en materia de seguridad que afectan a Japón en la región Asia-Pacífico, y de
acuerdo con el Programa de Defensa del Año Fiscal 2010, la nueva orientación
para la política de seguridad y de las fuerzas de defensa de Japón: “El Programa Nacional de Defensa de Japón
para el año Fiscal 2011 y siguientes”[6]
En este Programa Nacional de Defensa (PND) se establecen
tres objetivos básicos, que tal vez, a la luz de los últimos acontecimientos
acaecidos en Japón y el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses de
Afganistán en 2014, pueden ser susceptibles de modificación. No debemos olvidar
que para algunos observadores, como menciona Yuriko Koike [7], Estados
Unidos ya no dispone de la capacidad para seguir siendo la fuerza dominante en
Asia, “dadas sus desdichas económicas, su
proyectada reducción fiscal y otros compromisos en el exterior”.
El Gobierno de Japón, a la hora de establecer su PND debe
ser coherente y marcar una estrategia para Asia y dejar de lado sus vaivenes
coyunturales que le llevan en un momento a mirar a China y en la siguiente
oscilación a mirar a Estados Unidos. Según Koike “Para la creación de una estrategia viable, la profundización de las
asociaciones de Japón con las grandes democracias de Asia- India, Indonesia y
Corea del Sur- debe ser una prioridad”[8].
Volviendo al PND para 2011, los objetivos básicos de la
política de seguridad de Japón son los tres que se pasan a exponer a
continuación:
1.
Prevenir cualquier amenaza que alcance
directamente a Japón y eliminar las amenazas externas que lo hayan alcanzado
con el fin de minimizar el daño subsiguiente así como asegurar la paz y
seguridad de Japón y su pueblo.
2.
Prevenir la aparición de amenazas dando
estabilidad al entorno en la región Asia-Pacífico, así como mejorando la
seguridad global para mantener y fortalecer un orden abierto internacional y
asegurar la prosperidad y seguridad de Japón.
3.
Contribuir a la creación de la paz y
estabilidad global y asegurar la seguridad humana.
El
propio PND establece que para la consecución de estos tres objetivos básicos
Japón promoverá sus propios esfuerzos, facilitará la cooperación con sus
aliados, entiéndase Estados Unidos principalmente, y países del entorno
Asia-Pacífico. Asimismo, buscará una cooperación en seguridad en múltiples
capas con la comunidad internacional de forma consolidada.
Son
conscientes de que entre las medidas a tomar se encuentra una mayor utilización
de sus capacidades diplomáticas y de defensa, mayor apoyo a las actividades de
las Naciones Unidas relacionadas con la paz y la seguridad internacionales así
como establecer relaciones de cooperación con otros países.
Como
mencionaba más arriba en el apartado 2º de este trabajo, después de haber
modificado el artículo 9 de la Constitución de 1946, en este nuevo PND para
2011 y años siguientes, se retoma, al menos en esencia, el espíritu de dicho artículo,
y se explicita que Japón no pretende ser una potencia militar que pueda suponer
una amenaza para otros países, y que su política de seguridad y de defensa
tiene un enfoque defensivo.
Se
pretende tener unas fuerzas armadas “modestas” y manteniendo los principios
anti nucleares. Sin embargo, estas fuerzas reducidas no implican su aislamiento,
por el contrario, hay un compromiso, que ya se lleva cumpliendo desde su
participación en la guerra de Irak, de cooperar para la mejora de la seguridad
internacional incluyendo las actividades de pacificación de las Naciones
Unidas, asistencia humanitaria y a desastres, así como iniciativas contra la
piratería.
Dada
su desgraciada experiencia en cuanto a armamento nuclear se refiere, en este
nuevo PND Japón jugará un papel constructivo y activo en el desarme nuclear y
en los esfuerzos de no proliferación de armas nucleares. Su objetivo último, a
largo plazo, es llegar a vivir en un mundo sin armas nucleares.
Probablemente
el desastre en la central nuclear de Fukushima haya hecho más para conseguir
este objetivo que todos los esfuerzos previos llevados a cabo por Japón. Las
reacciones de los países productores de energía nuclear y poseedores de armas
nucleares, que son ahora más conscientes de la volatilidad de esta energía
después de la tragedia, ha permitido que se empezaran a tomar medidas hasta
hace poco impensables.
Los
riesgos a los que se enfrenta Japón, al igual que la mayoría de los países, no
son los riesgos del pasado, a saber, la guerra a gran escala entre países. El
riesgo principal es el impacto de extensión que los problemas de seguridad en
determinados países pueda tener en los demás, véase el ejemplo de Túnez,
Egipto, Libia, Yemen, que desestabilizan a toda la región.
Para
Japón, asimismo, existen las llamadas “gray-zone
disputes” o conflictos por territorios, soberanía o intereses económicos
que no se traducen necesariamente en guerra. En la región se están dando una
serie de oscilaciones en el poder con las potencias emergentes como China,
India y Rusia y con un cambio de influencia de Estados Unidos como se ha
mencionado anteriormente, aunque siga teniendo un papel primordial para la
seguridad japonesa.
Como
miembro de la comunidad internacional Japón recoge también los riesgos
generales a los que se enfrenta dicha comunidad global: Estados fallidos, armas
de destrucción masiva en manos no controladas, misiles balísticos, terrorismo,
piratería, así como nuevos riesgos relacionados con el espacio exterior y el
ciberespacio, el acceso sostenible a los mares y desde luego la importancia del
cambio climático como factor de seguridad ambiental.
En
la actualidad no se entiende enfrentarse a todos estos riesgos desde un enfoque
aislacionista, sin compartir intereses comunes con otros países y es por ello
que las fuerzas militares llevan a cabo un papel que va más allá del papel
meramente militar, es fundamental la combinación y cooperación con sectores
civiles en la reconstrucción y campos ajenos a la mera seguridad.
Geográficamente
hablando, los mayores riesgos para Japón se sitúan en las disputas sobre el
dominio marítimo y territorial en el Estrecho de Taiwan y la Península de
Corea.
Corea
del Norte sigue siendo un factor de desestabilización de toda la región
Asia-Pacífico. Con China se da la dualidad de ser, por un lado, un factor
estabilizador desde el punto de vista económico. Toda la región ha pasado a ser
el centro de la economía mundial. El Banco Mundial considera que en menos de
una década de las cinco máximas potencias tres serán asiáticas: China, Japón e
India, si no lo son ya, pero por otra parte, la expansión militar china y su
enorme gasto en defensa suponen una amenaza. China sigue teniendo una política
de defensa y de seguridad poco transparentes que generan temores y dudas en sus
vecinos asiáticos y no menos en la comunidad internacional.
Con
el otro “grande” de la zona, Rusia, ocurre algo similar que con China. Rusia ha
reducido su tamaño militar pero sus actividades militares no dejan por ello de
ser cada vez más importantes en la zona.
Otro
factor que hay que tener en cuenta, y que se recoge en el PND de Japón, es su
carácter de insularidad; es un país rodeado de agua y de tradición comercial,
por lo tanto entre sus medidas de seguridad se encuentra la protección marítima
y comercial.
La
seguridad y defensa japonesas consideran que es más que improbable una invasión
a gran escala militar en sus islas pero los retos a los que se enfrentan son
diversos, complejos e interrelacionados.
¿Y
cómo pretende Japón hacer frente a todos estos retos de presente y futuro? En
primer lugar reconociendo que la seguridad del país depende sobre todo y en
primer lugar en sus propios esfuerzos y, a continuación, en la cooperación con
sus aliados.
Como
factor fundamental se encuentra el buen funcionamiento de la Comunidad de
Inteligencia japonesa. Japón lleva a cabo actividades integradas y
estratégicas, es decir, mejora constantemente su capacidad de recoger y
analizar información en los diversos ministerios y agencias. Asimismo, está en un proceso de refuerzo de sus
sistemas de seguridad de información que se extiende entre los ministerios,
departamentos y agencias con el fin de compartir más y mejor información.
Para
ello el desarrollo tecnológico es una herramienta fundamental y en todos estos
sistemas de recogida de información así como compartirla, juega un papel
primordial la visión del desarrollo y uso del espacio exterior, nuevas
generaciones de satélites que fortalecen la recogida de información y las
funciones de comunicación, el ciberespacio y la capacidad de resistir ciberataques
de manera integral, comprensiva.
Se recoge explícitamente en el PND que “The Cabinet Secretariat, the Ministry of
Defense and the Self-Defense Forces (SDF), the police forces, the Japan Coast
Guard, the Ministry of Foreign Affairs, the Ministry of Justice and other
government agencies will regularly cooperate with each other. In the event of
various contingencies, the Cabinet, led by the Prime Minister, will make rapid
and appropriate decisions and respond to such contingencies in an integrated manner
in cooperation with the local governments. To
this end, the Government will examine the functions and systems related to its
decision-making and response, through initiatives such as regular simulation
exercises of various contingencies and comprehensive training and exercises,
and consider necessary policies, including legal measures[9]” haciendo hincapié en la importancia de
la comunicación, cooperación, entrenamiento y puesta en práctica, y toma de
decisiones, de lo que podríamos considerar la Comunidad de Inteligencia
japonesa: Secretariado del Consejo de Ministros, Ministro de Defensa y Fuerzas
de Autodefensa, Cuerpos de Seguridad y Guardacostas, Ministerio de Asuntos
Exteriores y de Justicia, Agencias gubernamentales de seguridad y defensa, etc.
Siendo en última instancia potestad del Primer Ministro la toma de decisiones
una vez recabada y analizada toda la información en caso de contingencias
contra la seguridad del Estado japonés.
Será dentro de la propia Oficina del
Primer Ministro donde se sitúa un organismo coordinador entre todos los
departamentos involucrados que facilitará la toma de decisiones.

Pero la Comunidad de Inteligencia
japonesa no sólo se circunscribe a su territorio; al igual que consideran
imprescindibles la cooperación en el ámbito militar y diplomático, también la
difusión de la información hacia afuera con el objetivo de que la comunidad
internacional sea más consciente y comprenda las necesidades de seguridad y
defensa, forma parte de la estrategia de seguridad y defensa.

En cuanto a las fuerzas de defensa,
éstas son dinámicas, se enfrentan a retos muy diversos, complejos e
interrelacionados y es por ellos que, al margen de los avances técnicos
militares, se preparan a través de lo que se conoce en sus siglas en inglés
como ISRA, Intelligence, Surveillance and
Reconnaisance Activities.

El
concepto de Fuerza de Defensa
Básica, que aseguraba la disuasión por si mismo, ha quedado obsoleto y el
nuevo paradigma es el de una fuerzas de defensa basadas en la disponibilidad
inmediata, movilidad, flexibilidad, sostenibilidad y versatilidad para enfrentarse
a todos eso retos diversos, complejos e interrelacionados.

Por supuesto, para una disuasión
efectiva y respuesta rápida, se asegura la supremacía de la información a
través del continuo ISRA, detectando indicadores de las posibles y variadas
contingencias.


5.-
La Estrategia de Seguridad y su relación con el PND.
Desde la época del Primer Ministro
Shinzo Abe Japón ha sufrido un cambio en cuanto a su política que pretende
sobre todo ir adquiriendo independencia de los Estados Unidos de América. Para
conseguir este objetivo ha tenido que ir modificando y superando las trabas
legales que se le impusieron y que se autoimpuso después de la Segunda Guerra
Mundial y de la Constitución de 1946. Como se ha visto en el apartado sobre la
Constitución de 1946, Japón se convirtió en un país pacifista, anti armas
nucleares y comprometido con el logro de la paz mundial provocando con ello la
existencia de unas fuerzas armadas limitadas y una seguridad y defensa
subsidiaria del poderío estadounidense. Pero la realidad es muy tozuda y con el
paso de las décadas y de los nuevos retos Japón se ha visto abocado a la
creación de una defensa y seguridad soberanas, defensora de sus propios
intereses ya sean estos políticos, militares, comerciales o diplomáticos y no a
estar a expensas de los intereses norteamericanos que, por otra parte, en la
región Asia-Pacífico empiezan a tener menos peso al estar involucrados en
distintas guerras y a enfrentarse a problemas económicos en su propia casa.
Si echamos un vistazo diacrónico
rapidísimo desde el final de la guerra nos encontraremos con el “pacifismo
ligeramente armado” de la doctrina Yoshida, la revisión del Tratado de
Seguridad con Estados Unidos de 1960 y la posterior modificación en el artículo
6 por el cual se establecían las bases americanas en suelo japonés, la doctrina
Guam en 1969 con Nixon como Presidente “imponiendo” a sus aliados asiáticos la
toma de mayores responsabilidades en su defensa y seguridad nacionales, y por
último, con todas sus evoluciones y modificaciones, la formulación por primera
vez por parte de Japón en 1976 de su Programa Nacional de Defensa, documento en
el que se recoge el nuevo papel de la fuerza de defensa que será lo
suficientemente operativa como para repeler en primera instancia cualquier
agresión sin el apoyo inmediato de Estados Unidos.

Dos de los sectores de esta
normalización de la política exterior japonesa es el desarrollo de su
diplomacia y de su poder militar. Todo el mundo parece estar mirando a China
como potencia en la región y deja de lado a Japón, probablemente con la
seguridad de que este país se halla aún controlado por su tutor americano. Pero
una de las preguntas que se hace el profesor Lluc López i Vidal en su artículo[10] “…..es si este papel más proactivo en lo
militar (y por ende en lo diplomático) se llevará a cabo dentro de los
confines de la alianza entre Tokio y Washington, o si por el contrario ello
implicará una independencia cada vez más acusada respecto a su actual socio
militar”.

Sin embargo, el papel de las fuerzas
armadas y de la diplomacia japonesa se ha visto minusvalorado por sus
intervenciones en misiones internacionales, especialmente decepcionante para
Estados Unidos, en la primera guerra del Golfo. Japón, la Dieta, declinó la
participación activa en el conflicto a cambio de una importante aportación
económica, denominándose este tipo de participación diplomacia de cheque. Ante la vergonzante experiencia Japón decide
posteriormente aprobar la Ley de Paz Internacional por la cual se compromete
tomar parte en este tipo de misiones pero bajo bandera de la ONU y con unos
preceptos muy estrictos de intervención:

1. Las
Fuerzas de Autodefensa no puede ser enviadas al extranjero si antes no existe
una tregua entre las partes del conflicto.
2. La
presencia debe ser consentida por todos los actores implicados en el conflicto
armado.
3. Las
tropas japonesas deben mantenerse en la más estricta neutralidad en relación al
conflicto.
4. Está
prohibido el uso de las armas a menos que sea en legítima defensa.
5. Si
alguna de estas condiciones deja de cumplirse, ello implica automáticamente la
retirada por parte del Gobierno japonés de las tropas enviadas.

Estos cinco preceptos siguen siendo fruto de la Constitución de
1946 y parece obvio que no deben de ser del agrado de su aliado estadounidense
que desearía una mayor participación en los conflictos actuales en los que se
halla inmerso y que cuyas condiciones no son las acordes para que unidades del
ejército japonés puedan participar en estas misiones internacionales.

Si observamos la encuesta sobre el tipo de acciones en la que
deberían participar las Fuerzas de Autodefensa japoneses, es obvia la cautela
de los distintos gobiernos en dichas misiones en el exterior.

Opinión pública
japonesa sobre qué tipo de acciones deberían llevar a cabo las Fuerzas de Autodefensa
en el exterior

Actividad
Porcentaje
·
Rescate en operaciones de emergencia por desastres naturales
78,4
·
Operaciones de Mantenimiento de la Paz después que el conflicto
haya terminado 41,8
·
Operaciones Humanitarias, incluso sin bandera de la ONU, como
las realizadas en Irak 39,1
·
Participación en fuerzas basadas en resoluciones de la ONU 15,9
·
No hay necesidad de participar en acciones exteriores 4,9
·
No responden 2,6
·
Otros 0.,1

Fuente:
Yomiuri Shinbun, 3 de junio de 2004.Extraído del artículo del
profesor Lluc López i Vidal [vid nota 10]

6.-
La capacidad de inteligencia del Japón.
Como se puede apreciar en el apartado 4 de este trabajo, el
papel de la inteligencia para lograr combatir con éxito los retos a la
seguridad y defensa japonesas es fundamental y como tal aparece recogido en el
Programa Nacional de Defensa (PND). Sin embargo, esto no ha sido siempre así y
la capacidad de inteligencia del Japón ha estado en entredicho en décadas
pasadas.
Si revisamos los
acontecimientos pasados no muy lejanos comprobaremos que las críticas a los
servicios de inteligencia japoneses están bien
fundamentadas. La toma de la Residencia del Embajador de Japón en Lima
en diciembre de 1996, la seguridad de los ciudadanos japoneses en Indonesia
durante los disturbios, en el ámbito externo y los ataques con gas sarín en el
metro de Tokio cometidos por la secta Aum Shinrikyo en el ámbito nacional son
claros ejemplos de las dificultades de eficacia de los servicios de
inteligencia.
Con la excusa del fin de la Guerra Fría los distintos
servicios de inteligencia de todos los países entraron en un proceso de
reorganización de los mismos que consistió básicamente en la reducción del
personal a cargo y de los presupuestos destinados al mantenimiento de dichos
servicios. Sin embargo, Japón ha sido una excepción a esta regla, aumentando y
enriqueciendo sus capacidades de inteligencia militar y estratégica.
Es difícil conseguir datos fiables sobre la inteligencia
japonesa pues la administración de este país sigue siendo un tanto misteriosa a la hora de aportar
información y el acceso a las fuentes gubernamentales es igualmente difícil;
por el contrario, gracias a los medios de comunicación que ponen en
evidencia a la inteligencia japonesa mostrando
los fallos de los servicios se puede recabar cierta información respecto a las
instituciones que gestionan los procesos de recogida y análisis de datos así
como las decisiones que se toman posteriormente. Lo que es evidente es que no
se puede prescindir de la alianza con los servicios de inteligencia
estadounidenses para comprobar la capacidad de Japón en este sector
estratégico.
Hasta tal punto consideran algunos la vinculación de
ambos servicios y la preponderancia del estadounidense frente al japonés que
como menciona Andrew L. Oros en su artículo Japan´s Growing Intelligence
Capability “Because Japan relies
on it superpower ally to guarantee its security, many maintain that the study
of Japanese intelligence is superfluous; better to concentrate one´s effort on
the intelligence apparatus of the protector, the United States”.
Pero aceptar esto de manera tan simplista es cometer un
gran error. Como se ha visto anteriormente, el papel que ha ido jugando Japón
en la arena internacional, alejándose de su tutor americano para recuperar
soberanía en muchos terrenos ha hecho que
la política diplomática japonesa se desarrolle ampliamente y con ello la
recogida de datos e información así como su análisis llevando, asimismo, a un
desarrollo exponencial de la actividad de inteligencia o en su versión inglesa “foreign intelligence-related activities
(FIRA)”.
Según Andrew L. Oros[11]
la inteligencia japonesa en las últimas décadas se ha movido en la arena
económica ya que sus necesidades de seguridad y defensa recaían básicamente en
los Estados Unidos. Así pues grandes compañías comerciales han sido la fuente
de información para su análisis.
La
capacidad de inteligencia japonesa incluye inteligencia militar, al menos
estratégica, inteligencia económica y espionaje. Como en casi todos los
servicios de inteligencia su trabajo se divide en recolección de información y
datos, análisis, contrainteligencia y acciones encubiertas.
Si
seguimos el ciclo básico de inteligencia[12]
aplicándolo a la inteligencia japonesa podríamos observar lo siguiente:
1.-
Los “consumidores” de la inteligencia
indican la clase de información que necesitan:

En el caso de Japón, cualquier
debate sobre inteligencia extranjera comienza en el CIRO o Cabinet Intelligence
Research Office, que es una de las seis divisiones del Secretariado del Consejo
de Ministros dentro de la Oficina del Primer Ministro. Es, por así decirlo, la
Agencia Central de Inteligencia.

Casi no dispone de personal propio ya
que más de la mitad de sus efectivos provienen de ministerios y otras agencias.
El CIRO obtiene la mayoría de la información a través de organizaciones
privadas, principalmente agencias de prensa.

Asimismo, el CIRO es el encargado de
asesorar al Primer Ministro y presentar los informes de inteligencia dos veces
a la semana aunque depende también de las preferencias e intereses del Primer
Ministro de turno.


2.-
Esas necesidades generales son
convertidas en requerimientos específicos por los responsables de alto nivel de
inteligencia:

Basta con echar un vistazo a los
distintos Programas Nacionales de Defensa para ver cuáles han sido los
requerimientos a lo largo de los distintos años. (Vid DNP for FY 2011 and
beyond)


3.-
Los requerimientos indican cómo se deben
distribuir los recursos y marcan las directrices de los que “obtienen”
información:

Dentro del Ministerio de Asuntos
Exteriores está la Oficina de Inteligencia y Análisis que analiza
principalmente la información enviada por las delegaciones diplomáticas de
Japón así como el intercambio de información con las agencias de inteligencia
de los países aliados.

Asimismo, la Agencia de
Inteligencia de Defensa Japonesa se ha desarrollado enormemente desde 1997. La
mayoría de su presupuesto se ha dedicado
a SIGINT su primer trabajo
consiste en el análisis de las señales de inteligencia (SIGINT).

Por otra parte, la Agencia Nacional
de Policía ha tenido un papel clave en la lucha contra el terrorismo interno y
la seguridad en territorio nacional, pero ha sufrido también una evolución que
abarca la cooperación internacional en cuanto a delitos comunes se refiere
aumentando el intercambio de inteligencia.

Otro ministerio con gran peso en la
obtención de información es el Ministerio de Industria y Comercio
Internacional. Su primer objetivo es el de coordinar el comercio internacional
y para ello dispone de varios departamentos que analizan la inteligencia
referida a las industrias y economías extranjeras aunque la mayoría de la
inteligencia elaborada consiste en la recogida de datos estadísticos.

4.-
Los que trabajan en obtención consiguen
información bruta, que posteriormente procesan:

La información del CIRO se complementa
por fuentes fruto de los acuerdos entre servicios de inteligencia de gobiernos
amigos, sobre todo de Australia y Estados Unidos. Normalmente, esta información
compartida se obtiene vía la Agencia de Defensa Japonesa y las Fuerzas de
Autodefensa.


5.-
Esa información procesada es la materia
prima con la que trabaja el analista y acaba convirtiéndose en inteligencia:

6.-
La inteligencia es distribuida a los
consumidores, que marcan nuevas necesidades o hacen ajustes en los programas de
inteligencia con el fin de mejorar la eficacia y eficiencia:

Se supone que el
CIRO tiene como función la coordinación de la comunidad de inteligencia pero el
papel que juegan algunos Ministerios, como el de Asuntos Exteriores, que además
aportan personal al CIRO, o la Agencia de Policía Nacional, hacen que esta coordinación
sea más compleja de lo que debería ser en un principio. Este es uno de los
aspectos que se supone ha mejorado, la actualización del papel coordinador del
CIRO frente a otras agencias y organismos.

Podría entenderse que los mayores generadores
de inteligencia en Japón provienen del sector público, principalmente de
ministerios y agencias gubernamentales pero no debemos olvidar, como vimos en
la introducción, que la idea de colectivo es fundamental en este pueblo y por
ello tanto el sector público como el privado, con el fin de conseguir los
objetivos estatales que se autoimpongan, colaboran estrechamente para ello.
Así, por ejemplo, las corporaciones
de comunicación, los principales periódicos y televisiones, así como
organizaciones semipúblicas del estilo a la Federación de Organizaciones
Económicas, el equivalente a nuestra CEOE, son actores no estatales que forman
parte de la comunidad de inteligencia japonesa.

Desde los inicios de la creación del
estado japonés moderno las organizaciones y entidades públicas y privadas han
trabajado conjuntamente con el fin de recopilar y crear inteligencia política,
militar y económica necesaria. Según Andrew L. Oros, aunque Japón ha cambiado
mucho desde la Restauración Meiji en 1868, este aspecto fundamental de la
política económica no lo ha hecho. Parece que para comprender la capacidad de
inteligencia de Japón, es importante analizar tanto al Estado como al mundo
empresarial.

Otro aspecto muy relevante para
entender la capacidad de inteligencia actual de Japón, en paralelo a la
fundación del Cuartel General de Inteligencia de la Defensa que supuso la
evolución institucional post Guerra Fría, es la decisión de desarrollar una red
propia de producción y despliegue de satélites espías.

En un principio el desarrollo y
despliegue de satélites en el espacio tenía un uso exclusivamente pacífico pero
en la década de los 70 del pasado siglo ya se modificó la legislación que
permitiera invertir el uso y desarrollo de satélites de nueva generación. Sin
embargo, no sería hasta varios meses después de la Crisis de los Misiles
Taepodong con Corea del Norte, el 25 de diciembre de 1998, que se llevo a cabo
un mejor desarrollo de esta nueva política sobre el uso del espacio
exterior.

Esta nueva política no estuvo exenta
de dificultades con el aliado americano pues éste receloso de la progresiva
independencia de Japón, especialmente el Pentágono, opuso una fuerte
resistencia al desarrollo propio y al despliegue de satélites japoneses
procurando que fuera su industria espacial quien mantuviera aún el control sobre el espacio
japonés.

Como cualquier otro servicio de
inteligencia el japonés se halla en un continuo proceso de adaptación y readaptación,
máxime teniendo en cuenta que hasta hace relativamente poco, y aún hoy en día,
mantenía un pesado lastre fruto de su derrota en la Segunda Guerra Mundial que
le ha supuesto una falta de independencia y soberanía en cuanto a seguridad y
defensa se refiere. Pasarán aún décadas hasta que Japón disponga de unos
servicios de inteligencia bien estructurados, coordinados y sobre todo
soberanos, aunque mantengan siempre, como es obvio, una interrelación con sus
países aliados.

7.-
La Unión Europea y Japón.
Este apartado pretende ser un brevísimo análisis de hacia
dónde van las relaciones de Japón y la Unión Europea. No es muy frecuente ver
en prensa, oír en la radio o ver en televisión noticias sobre Japón, al menos
en España, salvo catástrofes como el reciente terremoto, tsunami y la fuga radiactiva.
Parece que Europa vive de espaldas a Japón, y que Japón vive
de espaldas a Europa. Parece, asimismo, que China es el único país asiático que
cuente para los europeos. Pero no es así. Para ello qué mejor que el discurso
que dio el Presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, el 26 de abril de
2010 en EU Institute de la
Universidad de Kobe[13].
En este discurso se plantean aspectos muy interesantes
como, por ejemplo, el cambio de relación de la UE y de Japón respecto a Estados
Unidos. De ser dependientes, especialmente Japón hasta muy recientemente, de
Estados Unidos, a ir teniendo una relación, digamos, entre iguales. Japón y la
UE están en el mismo barco; redefiniendo sus relaciones con EE.UU.
Por otro lado parece que la prensa y los intelectuales
europeos y americanos consideran a Europa en declive, y no sólo a Europa sino a
todo el mundo occidental. Se habla de los países emergentes, Brasil, India y a
la cabeza China, que van tomando el relevo en la política, en lo económico y en
lo militar dejando fuera, entre otros, a la UE y a Japón. La constante
insistencia de un G2, cuando en realidad Japón y la UE pertenecen a regiones de
las más prósperas del mundo.
La UE y Japón se deben hacer notar más. Han sufrido
reveses comunes como ,por ejemplo, en la cumbre del Cambio Climático en
Copenhagen donde la defensa en de la reducción de las emisiones que provocan el
efecto invernadero por parte de la UE y Japón se vieron abocadas al fracaso
fruto de la unión de EE.UU con las potencias emergentes.
La UE, después de las dificultades para su creación y
posterior ampliación, la estructuración de su economía interna, la creación de
la moneda única y los primeros pasos en la creación de una diplomacia, si no
única, al menos coordinada, ha decidido abrirse más al mundo pero no sólo
económicamente sino políticamente también. Y es aquí donde Japón juega un papel
fundamental también pues parece que el pueblo japonés, eligiendo al Primer
Ministro Hatoyama en medio de la crisis financiera, estaba pidiendo más
política en el sistema japonés y una reducción burocrática y financiera a favor
de aquellos que son elegidos democráticamente y representan a los pueblos en
los respectivos parlamentos, al igual que pide Europa ahora.
El punto más común de ambos es la vuelta a ciertos
valores y la adaptación a la globalización pero con la pretensión de que no sea
sólo una globalización económica sino política. Japón y Europa, Europa y Japón
deben de ser actores políticos globales, no meros actores económicos. Para ello
la colaboración es imprescindible.
Van Rompuy también menciona cuatro aspectos en las
relaciones con Japón: el comercio, la política exterior, el cambio climático y
la seguridad. En cuanto a comercio se refiere, el objetivo sería alcanzar un
Acuerdo de Libre Comercio, y Japón está dispuesto a estudiarlo, a pesar de los
recelos naturales de ambos socios.
Respecto
de la política exterior, se busca la cooperación en diversos temas vinculados
con la seguridad principalmente. Van desde la situación en el Este de Asia, Afganistán,
África, etc, con temas como el terrorismo, la piratería, la no proliferación
nuclear y la lucha contra la pobreza y por los derechos humanos, así como
aspectos relacionados con la seguridad en el abastecimiento de las distintas
energías y el cambio climático.

En
relación a las redes de seguridad, tanto Japón como la UE están inmersos en las
redes globales y estas a su vez son las arterias de la economía global:
internet, telecomunicaciones, sistemas de transferencias de bancos y dinero,
aeropuertos, energía. Las redes son vulnerables y por eso la seguridad conjunta
y la coordinación es fundamental para combatir los ciberataques.

Y en cuanto a cambio climático se
refiere, Japón y la UE son socios fundamentales y la vanguardia frente a
Estados Unidos y los países emergentes en la reducción de emisiones y en la
financiación para países en vías de desarrollo que no deben caer en el mismo
error que los países emergentes en este sentido.

8.-
Conclusión.
Como conclusión a este breve análisis se puede afirmar
que hay un cambio de paradigma en la política de seguridad y defensa japonesa.
De la denominada estrategia del Escudo y
la Lanza en el que tanto Japón como Estados Unidos se repartían roles
distintos; así Japón y sus Fuerzas de
Autodefensa (FAD) hacían el papel de escudo para detener en primer lugar
cualquier posible ataque siempre y cuando no fuera un ataque nuclear, mientras,
Estados Unidos, jugaba el papel de lanza para intervenir posteriormente, se ha
pasado a la intención, al menos, de que Japón sea lanza también.
Para ser esta lanza y separarse en cierto sentido del
aliado estadounidense, algo que ambos actores desean, Japón para consolidar su
soberanía nacional, en la región y en el ámbito internacional, y Estados Unidos
para distraer medios hacia otras áreas y regiones del planeta que tienen mayor
interés estratégico para ellos actualmente, han sido necesario muchos cambios
en la política y la sociedad japonesas. Estos cambios tienen un punto de
partida claro y es la Constitución de 1946 con sus limitaciones legales en
cuanto a la creación de las fuerzas armadas, su pacifismo, su carácter anti
armas nucleares, y, por ende, sus intervenciones en el exterior.
Por otro lado, los nuevos retos a los que se enfrenta
Japón son mucho más complejos, diversos e interrelacionados que aquéllos
propios de la Guerra Fría, su papel ante la Unión Soviética y el comunismo
asiático, y hacen necesaria una revisión de su estrategia de seguridad y
defensa. Para esta revisión son varios los aspectos que se continúan
trabajando.
Por
un lado los legisladores japoneses siguen elaborando leyes que les permitan
evitar, en algunos casos soslayar, las constricciones impuestas en la
Constitución, y hacer así de Japón, que es una de las economías más importantes
del mundo, una potencia también en el aspecto militar y de seguridad.
Con estas nuevas leyes se modifican, asimismo, las
Fuerzas Armadas de Autodefensa, haciendo de estas unas fuerzas más móviles,
eficaces, diversas y potentes.
Que
Japón se arme sin herir susceptibilidades de algunos vecinos como China es muy
complejo pero para ello, aunque uno de los retos para Japón sea precisamente
China y su enorme poderío militar, tecnológico y comercial, Japón apunta a
Corea del Norte y su política de “gamberrismo internacional”, dándole pie para
que el crecimiento y mejora de las FAD no se vean como una amenaza para China.
No debemos olvidarnos que a pesar de las limitaciones y
autolimitaciones de Japón, éste cuenta con el cuarto presupuesto de Defensa más
importante del planeta, por detrás sólo de EE.UU, Reino Unido y Francia.
Dispone en la actualidad de más de 240.000 militares en las FAD, 150.000 en la
Armada y 46.000 en las fuerzas Aéreas.
Y por último, o mejor dicho tal vez, en primer lugar, el
desarrollo de su política diplomática y lo que conlleva de recogida de
información para abastecer a la Comunidad de Inteligencia japonesa que se halla
inmersa en una continua revisión, mejorando los órganos de coordinación que permitan
trabajar coherentemente a los distintos ministerios, organismos y agencias que
contribuyen a la creación de inteligencia.
Asimismo,
la autonomía tecnológica japonesa respecto del tutor americano que le permite
desarrollar sus programas espaciales y la construcción y despliegue de
satélites vitales como medios de recogida soberana de información. Ahí queda el
Sistema DMB de misiles, más que seguro que misiles espías sino por qué el
interés de la independencia tecnológica de los americanos, y la creación de su
escudo antimisiles propio Sistema PAC3.
Es evidente que Japón hace tiempo que entró ya a jugar en
otra división, otra vez de nuevo como potencia política, económica, militar y
de inteligencia, no sólo en su región sino también en el ámbito global.








9.-
Bibliografía
“Introducción
a la cultura japonesa”. Hisayasu Nakagawa. Editorial
Melusina [sic] 2006 .
“El
crisantemo y la espada.” Ruth Benedict. Antropología.
Alianza Editorial. Quinta reimpresión 2010.
“El
arte de la guerra”. Sunt Tzu. Pluton Ediciones X. 2010.
“Haiku-dô.
El haiku como camino espiritual”. Selección, traducción y
comentarios de Vicente Haya con la colaboración de Akiko Yamada. Editorial
Kairós. 2007
“Haiku”.
Herman
Van Rompuy. Editorial PoézieCentrum. 2010.
“Japon.
Visages de la métamorphose”. Teresa Pérez y Tibor
Bognár. Editions Vilo. 2006.
“Intelligence in
the New Japan”. Adam Jourdannais. CIA
Historical Review Program. www.Intelligence in the New Japan — Central
Intelligence Agency.htm (última visita el 15/06/2011)

“Japón:
Evolución de la política de seguridad en el marco de la alianza estratégica con
los EE.UU." González Vaguéz, Y. en Observatorio de la Economía y
la Sociedad del Japón, enero 2009. Texto completo en
http://www.eumed.net/rev/japon/

“La nueva estrategia de seguridad japonesa:
la normalización de su diplomacia”.
Lluc
López i Vidal Profesor de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra y de la Universitat Oberta
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“Japan’s Growing
Intelligence Capability”. Andrew L.
Oros. International Journal of Intelligence and CounterIntelligence, 15: 1± 25,
2002 Copyright # 2002 Taylor & Francis.

NATIONAL DEFENSE
PROGRAM GUIDELINES
for FY 2011 and
beyond. Approved by the Security Council and the Cabinet on
December 17, 2010

“19th EU-Japan Summit”. Tokyo, 28 April 2010. Joint Press Statement.

“THE CONSTITUTION OF JAPAN”. 3 de noviembre de 1946





[1]
“Introducción
a la cultura japonesa”. Hisayasu
Nakagawa. Editorial Melusina [sic] 2006

[2]
Interpretación-traducción propia del preámbulo de la Constitución de 1946.
[3]
González Vaguéz, Y.: “Japón: Evolución de la política de seguridad en
el marco de la alianza
estratégica
con los EE.UU." en Observatorio de la Economía y la
Sociedad del Japón, enero
2009.
[4]
Interpretación-traducción propia de la Constitución de 1946
[5]
Interpretación-traducción propia del artículo 9 de la Constitución de 1946.
[6] National Defense Program guidelines for FY 2011 and beyond (Provisional translation into English)
[7] “Asia tras la guerra de Afganistán”
Yuriko Koike. Project Syndicate, 2011. Publicado en el periódico La Vanguardia,
martes 28 de junio de 2011.
[8] Idem a
la nota precedente.
[9] Idem a
nota 6
[10]
“La nueva estrategia de seguridad
japonesa: la normalización de su diplomacia”. Lluc López i Vidal Profesor
de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra y de la Universitat
Oberta de Catalunya

[11] “Japan’s Growing Intelligence Capability”. Andrew L. Oros. International Journal of
Intelligence and CounterIntelligence, 15: 1± 25, 2002 Copyright # 2002 Taylor
& Francis
[12]
Elementos básicos de inteligencia. Apuntes Profesor Jordan.
[13] “A Changing EU and a Changing Japan in a Changing World”. Herman
Van Rompuy. Eu Institute, Kobe Universitiy, Japan. Monday 26 April 2010.

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