jueves, 21 de enero de 2010

Economía de mercado





No todo se aprende tal y como se supone se debe de aprender. Mi primer encuentro, al menos que yo recuerde, con el mundo de la economía fue allá por el año 1969, es decir con seis o siete años. Tal vez ahora sea normal pero en aquellos años el que se organizaran fiestas y venta de papeletas para conseguir dinero para excursiones no era nada habitual. ¡Mi cole era muy avanzado en eso también!

No sé cómo llegué a ese punto ni qué excursión se pretendía financiar pero el recuerdo me lleva al enorme patio de colegio, con esa edad y tamaño todos los espacios son enormes, flanqueado por dos porterías de fútbol ¡reglamentarias!, decíamos, y varios campos de mini basket. Vestido con el correspondiente uniforme, a saber, pantalón corto, muy corto, hasta en el más frío de los inviernos, camisa blanca, corbata granate de “chicle”, es decir con un nudo ya hecho y con una presilla unida a una goma elástica que permitía ponérnosla sin dificultad, cubiertos con un jersey de pico gris, también, y con medias y zapatos “gorila”. En la mano un taco de papeletas y esperando a la que la puerta del cole se abriera y vomitara un montón de madres, abuelas y hermanas mayores que nos traían la merienda en la mano. En estás estábamos cuando me acerco a una señora –seguro que no tenía más de treinta años- y le digo:

- “¿Me vende una papeleta?”

Su carcajada aún resuena en mis oídos. Me contestó:

- “No, hombre, no. Será ¿me compra una papeleta?”

En ese momento ocurrieron dos cosas: se me iluminó la economía de mercado y entendí que el puesto de cromos y chucherías me vendía y yo le compraba, y la segunda fue que hice el primer y creo que único negocio de mi vida; ¡vendí una papeleta!


1 comentario:

  1. ...si es que lo de los negocios nunca ha sido lo nuestro. Menos mal que servimos para otras cosas (o eso dicen).

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