No sé cuál es el motivo pero siempre que algún profesor de lingüística, de socio lingüística o cualquier modesto profesor de idiomas quiere hacernos ver que el lenguaje refleja la realidad próxima, la que conocemos más directamente, siempre nos ponen el ejemplo de los mal llamados esquimales, “comedores de carne cruda” en su propio idioma, ellos son “inuit”, simplemente “gente”. Pues bien, siempre se nos pone como ejemplo la palabra “nieve”, y se nos dice que en su idioma existen más de cien términos para designarla; nada más lejos de la realidad, ellos la llaman “aput”, eso, nieve. Otra cosa bien distinta es cómo puede ser la “aput”. No es lo mismo para un español que para un canadiense y mucho menos para un español que vive en Canadá como es mi caso.
Ahora es verano casi, es junio cuando reflexiono sobre esto y parece que el invierno está muy lejos aún pero lo que está claro es que la estación importante aquí, lo que realmente marca la vida es el invierno, no el verano. Incluso en los billetes de cinco dólares canadienses, junto a la figura del primer ministro durante los años 1896-1911, Sir Wilfrid Laurier, en el reverso del papel, se aprecian unos niños jugando al jockey sobre hielo y la siguiente inscripción en inglés y en francés:
“Les hivers de mon enfance
étaient des saisons longues, longues
Nous vivions en trois lieux:
l´école, l´église et la patinoire, mais
la vraie vie était sur la patinoire »
« The winters of my childhood were
long, long seasons. We lived in
three places- the school, the church
and the skating rink- but our real life
was on the skating rink”
La traducción sería algo así como: “Los inviernos de mi infancia eran muy largos. Vivíamos en tres lugares: la escuela, la iglesia y la pista de patinaje sobre hielo pero la verdadera vida se daba sobre la pista de hielo”.
Ya ven, desde que uno nace en Canadá la nieve es parte inseparable de la vida. Los bebes no van en cochecitos sino en trineos y aunque haga un frío de mil demonios se les saca a pasear. No estaría mal que alguna madre y padre españoles que “encebollan” a sus bebes en invierno se vinieran aquí y vivieran lo que es realmente frío y se dejaran de pamplinas con esos: “uy, no podemos salir pues el bebe se pondría malito, hace 10 grados-sobre cero claro-.
Pues bien, como les decía la nieve es algo inseparable de la vida de este país. Hacer el “ángel” aquí no es tirarse a la piscina abriendo los brazos sino tirarse en la nieve de espaldas y con los brazos y piernas en aspa moviéndolas para dejar una marca de “ángel” en el suelo. Otro de los juegos, éste un tanto más brutito, consiste en sacar la lengua y pegarla a un poste o a un buzón de correos de esos típicos americanos y ver quien aguanta más, luego tirar de la lengua. Pruébenlo en casa con una de esas antiguas bandejas para hacer hielo de aluminio o de no sé qué metal, verán que “gustito” da, pero añádanle algún grado menos.
La nieve tiene grandes ventajas; da una sensación de limpieza y de paz a la ciudad que no se apreciaría en ninguna otra situación. La caída de la nieve mitiga cualquier ruido y todo se convierte en un remanso de quietud. La luz intensa de este país en invierno le impide a uno caer en el hastío pues la variedad de tonalidades incluso sobre el blanco níveo es impresionante. Por el contrario también supone grandes incomodidades. El “slush” es decir la especie de granizado que se forma con las rodadas de los coches, las pisadas, los abrasivos y la sal que se echa para evitar las caídas y despejar carreteras hace que todo se convierta al final del invierno en una especie de lodazal. Al llegar a las casas, propia y ajenas, lo primero que hace uno es quitarse los zapatos. Para mí era un incordio pues tenía que evitar los calcetines con “tomates” no vaya a ser que tuviera uno que llegar a cualquier casa y pedir disculpas por enseñar medio dedo a través del calcetín o mostrar esa uña que parece más un mejillón que nos destroza cualquier cosa que nos pongamos. Algunas personas llevan siempre unos zapatos de vestir o zapatillas de andar por casa en el bolso o mochila, esa es otra característica de este país todo el mundo va con mochilitas, para las visitas a cualquier sitio o al mismo trabajo.
Nota: después de releer este artículo ha nevado intensamente aquí en Bruselas y otro tanto en Madrid. Oh, aput, aput.
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