Llevo ya unos meses sin escribir y ahora me pongo a ello después de haber regresado a mi ciudad y de haber realizado dos cosas que no hacía desde hace doce y veintitrés años respectivamente: regresar al cole y volver a hacer la mili.
Sí, sí, no se sorprendan, después de tanto tiempo he realizado una rentreé espectacular. Como les decía, después de doce años de ausencia en las aulas, como docente, doce años sin actividad lectiva como tal, he regresado a mi instituto del que soy profesor hace muchísimo tiempo, tanto que ya apenas recuerdo.
La experiencia ha sido, cuanto menos, extraña. Llegué y me encontré con una inmensa mayoría de colegas que seguían en el mismo sitio donde les dejé. Más o menos deteriorados, como yo mismo, pero en su sitio, con sus amabilidades y con el enorme mérito de no haberse quebrado después de su actividad docente tan constante en el espacio y en el tiempo.
El espacio igual pero diferente. El mismo edificio pero con pequeñas cosas modificadas que hacen que todo resulte también extraño. Y los alumnos. Ellos sí que siguen siendo iguales. No envejecen mientras que nosotros lo hacemos constantemente. Ellos siguen siendo pequeños, alegres, gritones, nerviosos, entusiastas.
Sin embargo, algo sí ha cambiado. El centro ha dejado de ser un instituto de secundaria al uso para convertirse en un Instituto Bilingüe. ¿Qué qué es esto? Pues ni más ni menos que otro experimento más del gobierno de nuestra querida Presidenta Esperanza Aguirre. Experimento del que disfruto, sin ironía, pero que provoca en mí sentimientos encontrados.
Por un lado disfruto de unos alumnos “de dulce” como decían los viejos profesores. Alumnos y familias motivados por el aprendizaje, motivados por aprender inglés, que no otros idiomas, y motivados por la perspectiva de un futuro mejor, más internacional y que les abrirá las puertas de otros países.
Alumnos de catorce años que te siguen perfectamente cuando les hablas de la evolución de la lengua inglesa desde el old English hasta el modern English, pasando por el middle English y el early middle English entre medias. Alumnos con los que disfrutas leyendo el Sonnet 130 de William Shakespeare, The Wif of Bath de Chaucer o The Battle of Maldom.
Un instituto en el cual se ha logrado un ambiente académico, no me pregunten cómo, y aunque se corra y se hable fuerte en los pasillos en los cambios de hora, sí que se puede dar la clase que toque sin temor a disrupciones continuas.
Pero a pesar de todo esto, a mí me sigue generando ciertas dudas. En primer lugar este sistema sólo afecta a un 7% de la población estudiantil de la Comunidad de Madrid, y en segundo lugar creo que está generando una escuela aún más segregada en relación con los otros centros y en relación con los otros grupos del mismo centro que no son bilingües y que no reciben la misma atención.
En un momento de crisis como el actual uno comprueba que es un privilegiado. Los centros de alrededor han sufrido “bajas” en el número de profesores, hasta más de doce en un mismo centro. Lo que significa menos desdobles, menos laboratorios, menos actividades de refuerzo, menos atención a la discapacidad, menos orientadores, más número de alumnos por aula y más carga horaria para los profesores.
Por el contrario, un centro bilingüe como en el que yo imparto clases, sólo ha perdido un profesor. Fíjense, en mi departamento somos ni más ni menos que siete profesores funcionarios y cuatro asistentes norteamericanos. En ocasiones se da la circunstancia de que uno se encuentra con un grupo de 24 alumnos y tres profesores, yo como titular y dos asistentes. En fin, que la escasez de recursos es mala pero que el exceso tampoco es bueno cuando eso significa, sobre todo, un mal reparto de los mismos y una peor gestión.
Por otro lado está el tan manido tema de las habilitaciones. Todo el mundo se habilita para impartir áreas de conocimiento en inglés y encima se pretende que los que hemos pasado no sé cuántos filtros a los largo de todos estos años también nos habilitemos para dar los niveles que llevamos impartiendo toda la vida. Por si fuera poco esta habilitación ha supuesto también el desplazamiento de compañeros que no hablaban inglés y que, obviamente, ya no tienen cabida en un centro como el nuestro.
En fin, que estas son algunas cosas que me provocan pesar. Pero lo más doloroso es ver la creación de una, supuesta, élite de alumnos que disfrutarán de las ventajas de este sistema frente aquellos que, aún siendo magníficos estudiantes en otras áreas, no hablan inglés suficiente como para estar en estos centros. Estos últimos alumnos deben enfrentarse a aulas con menos recursos, a profesores desmotivados, más aún si cabe, pues encima se les paga menos al no impartir su clase en inglés, creando un nuevo agravio, centros con más conflictividad al convertirse en centros donde se agrupan los alumnos “difíciles”, quién no lo fue en su adolescencia, y sobre todo inmigrantes, con lo complejo que resulta el procedimiento para su inclusión en la nueva sociedad de acogida.
Por si fuera poco están los centros. De esto no tiene la culpa la señora Aguirre, viene de más lejos. ¿A quién se le ocurrió la brillante idea de diseñar los centros tal y como están hoy en día? Si les interesa paséense por cualquiera de los centros construidos en Madrid en la década de los ochenta y repetidos hasta la saciedad hasta el día de hoy. Centros donde en invierno hace un frío de muerte y en verano un calor terrible. Centros en los que a las doce de la mañana hay que encender la luz pues o bien no se ve por los reflejos del sol o bien no se ve por las sombras que se producen. Centros en los que la acústica es nula. Y para más inri centros en los que el mobiliario es de pin y pon cuando los alumnos actuales parecen jugadores de la NBA.
Si de mí dependiera colgaría por santa sea la parte a arquitectos y diseñadores de los institutos y colegios públicos.
En fin, que no quiero ser agorero, ni pesimista. Sigo pensando que la educación está en manos de un profesorado muy bueno, preparado y sobre todo flexible y con un umbral para el desánimo muy elevado aún, pero no se engañen, todo puede cambiar. ¡Qué buenos vasallos si hubiere buenos señores!
Más centros bilingües, sí, pero para todos. Y una mayor inversión en educación y formación y no en anuncios en los autobuses en los que se dice que se respete la labor del profesor. Comiencen respetando con un mayor reconocimiento y mejores condiciones salariales, laborales y de formación permanente.
En cuanto a lo de la mili, ya les contaré otro día, que también es muy largo. Tan solo decirles que después de 23 años volví a mi acuartelamiento a repetir más o menos lo mismo pero esta vez como reservista voluntario. Pero eso ya es otra historia.
Hasta la próxima.
Javier, una descripción muy realista de la situación de algunos IES en Madid. En muy poco tiempo has podido darte cuenta de como están las cosas.
ResponderEliminarEstoy deseando leer la segunda parte de tu mili. ¿Qué significa reservista voluntario? ¿Quiere decir que fuiste voluntariamente?
Hace mucho tiempo que estoy alejada del mundo de la educación, parece que es bastante desalentadora la situación de la enseñanza secundaria en general, por oposición al centro en el que trabajas.!Sois tan importantes y se os da tan poco valor!
ResponderEliminarLa segunda parte de tu mili habrá que enlazarla con un texto tuyo anterior "Estulticia y mili" y ver si ha cambiado tu percepción y cómo han cambiado las milicias desde entonces.
Ese argumento de que los colegios bilingües crean una élite y que por eso no son buenos es un argumento falaz. Entonces dejemos que en la educación pública, en la ESO, sólo haya clases de 2 horas semanales de idioma y así todos los alumnos de la pública tendrán el mismo pésimo nivel, pero eso sí, ninguno será élite, todos igual de ignorantes. Dejemos que los hijos de las familias que pueden pagar colegios privados bilingües sean los únicos que puedan competir por puestos de trabajo en los que se exige nivel en los idiomas...
ResponderEliminarLos colegios bilingües no son la panacea, pero la situación anterior a ellos era bastante peor.
Sí, visto así, el anónimo tiene razón, mejor pocos que ninguno...
ResponderEliminarEn respuesta a anónimo. En primer lugar agradecerte el comentario, así no se duerme uno. Tal vez me haya expresado mal, en ningún momento he dicho que los bilingües son malos, ni mucho menos, me parece una buena idea pero no todo lo bien llevada a cabo que debería y sigo insistiendo que elitista. ¿Por qué no puede uno a aspirar a la excelencia para todos? Otra cosa es llevarla a cabo, pero aspirar a ella....Además asegurar que todos los institutos generan un pésimo nivel y crean ignorantes por el mero hecho de no ser bilingües me parece un atrevimiento. Bueno, en breve daré una respuesta más larga. Me encanta que se anime esto.
ResponderEliminarEs una ingenuidad considerar que por el hecho de que no haya élites en la pública no va a haber élites en la sociedad. Si la enseñanza pública no crea esas "élites", las élites se van a crear de todas maneras, entre los hijos de los que tienen dinero, y los hijos de los que no lo tienen se tendrán que aguantar. ¿Por qué no aparcamos de una vez ese concepto anticuado de que destacar en algo es "elitista"? ¿Acaso lo democrático es que todos sepan lo mismo? Y si un alumno quiere saber más ¿acaso hay que rebajar su nivel de exigencia no vaya a ser que se note que la mayoría no aspira a eso? Que el Estado proporcione y garantice la igualdad de oportunidades no quiere decir que todos se deban quedar en el mismo nivel de conocimientos, de trabajo y de sueldo. Al contrario, al que por su trabajo, su interés y su inteligencia aspire a más hay que facilitárselo y estimularlo.
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