miércoles, 12 de mayo de 2010

Estulticia y mili



¿Acaso son términos parejos la estulticia y la ya desaparecida “mili”? No, en absoluto, pero en ocasiones los actos de estupidez eran tales en la mili que uno lo llegaba a creer. La verdad es que no sé por dónde empezar pues tantas eran las cosas inútiles, al menos aparentemente, que teníamos que hacer que me abruman. Tal vez deba empezar por la primera contradicción: escaquearse.

Sí, sí, escaquearse. Ahora, y antes también me temo, se da en muchos ministerios de nuestra Administración con mayúsculas. Los que jueguen al ajedrez sabrán que el escaque es cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente en que se divide el tablero. Por lo tanto escaquear es dividir en escaques o si nos referimos a una unidad militar, como es el caso, dispersarse de forma irregular , pues bien yo aprendí el término en su forma reflexiva: “escaquearse”, que significa eludir una tarea u obligación común.

Imagínense a ochocientos soldados, suboficiales, oficiales y mandos de un cuartel de ingenieros escaqueándose todo el santo día ¡qué estupidez! Pero algo de verdad había. Te enviaban a “perolines” es decir, servicio de cocinas, nada que ver con Ferrán Adriá, Arguiñano, Arzak u otros maestros culinarios, ¡qué va! Era ni más ni menos que hacer todas las tareas de limpieza, preparación de alimentos, recogida, transporte de cajas, etc. que se hacían insoportables pues empezaba uno a las 6 de la madrugada y terminaba a la 1 de la noche del día siguiente. No le quedaba más remedio a uno que escaquearse marchándose a las letrinas o la hidroterapia, término eufemístico para denominar a las duchas de las cuales apenas si salía un chorro pues estábamos en Melilla y el agua, por su mala calidad, era un bien escaso, al menos en los 80 del siglo pasado.

Como estaba en Transmisiones, CTPC -Centro de Mando de Transmisiones- ( ¿de dónde narices salen las siglas?, otro ejemplo) tuve la suerte de acabar en una estación de radio militar, para algo sirve el ser licenciado ¿no? Desde allí pasábamos mensajes, supuestamente secretísimos, a la península por si al “moro” infiel se le ocurría atacar la plaza. Todo era muy pero que muy profesional. Sobre todo los códigos alfanuméricos. El nuestro, en las dos emisiones que hacíamos al día, en distintas horas, a Cádiz y Sevilla respectivamente, era OPT, sí, sí, no era “Operación Triunfo” pero casi. Estas siglas las leíamos como “Oscar-Papa-Tango” –según el código internacional de transmisión- seguido de 5/5 que significaba “le recibo alto y claro”. Esta retahíla la repetíamos de seguido:

- “ Aquí Oscar-Papa-Tango, ¿me recibe?” (repetido hasta la saciedad)(pruébenlo, es como estar lobotomizado después de unos días haciendo lo mismo)

Y si a la vieja Racal le daba por funcionar, ya que a veces se nos olvidaba ponerle agua destilada a la batería de coche a la que estaba conectada, con muchas interferencias recibíamos un:

- “5/5, le recibo alto y claro”

Y así, día a día hasta cumplir los nueve meses y medio de estancia continuada sin salir de aquella plaza española en suelo africano. Curiosamente, a pesar de empezar ya a introducirse lo que luego daría en llamarse “nuevas tecnologías”, teníamos un palomar (tampoco estaría mal tener alguno ahora en los ministerios para cuando se "cae la red"). Allí un subteniente se dedicaba a mimar a un buen número de palomas mensajeras que se sabían el camino a casa, es decir a la península, desde Melilla. Espero que no se hayan deshecho de ellas pues era lo único sensato que había; como sabrán lo primero que se hace en una guerra actual es acabar con todos los medios de comunicación del enemigo para descoordinar su fuerzas y si uno tiene palomas, éstas seguro que alcanzan su objetivo sin que nadie las interrumpa en su vuelo. A veces me pregunto si el "enemigo" está a las puertas de nuestra casa pues lo que es la informática ministerial.........

Entre las aparentes tonterías estaba lo que hacía la compañía de zapadores, montar y desmontar un puente continuamente. Me imagino que en caso de conflicto es algo fundamental pero tendrían que ver ustedes como sudaban los pobres zapadores. En la vida civil montamos y desmontamos aceras pero a diferencia de los zapadores, esto sí que no tiene ninguna utilidad salvo para alguna empresa.

¿Y las maniobras en las que uno se tiraba de un camión en marcha en plan “BOEL” (Brigada de Operaciones Especiales de la Legión)? Lo malo es cuando uno había caído del camión y desde el suelo buscaba a sus compañeros con la mirada, se los encontraba a todos tirados por el suelo sin poder levantarse cargados con el cetme, trinchas y macuto. También ahora en mi vida civil sigue siendo algo parecido; si miro para atrás veo a compañeros caídos a los que la administración ha dejado abandonados; al menos en el otro sitio no te abandonaban nunca.

Pues miren ustedes, a pesar de todo esto y mucho más, comparto la opinión de Rosa Montero en su artículo de la revista del País del pasado domingo 9 de mayo de 2010 en el que decía que nuestras fuerzas armadas son una de las pocas instituciones de las que nos podemos fiar en nuestro triste país.

En fin, éstas y muchas más historias que en el fondo ahora son divertidas, tanto que estoy deseando realizar mi período de formación como oficial en “Reservistas Voluntarios” del Ministerio de Defensa, en serio, al menos sé que son mejores que cualquier ONG que se precie y de una profesionalidad y seriedad más que envidiable.

1 comentario:

  1. Me gusta la explicación que das del origen de la palabra escaqueo y el recuerdo que guardas de tu época de milicia, a pesar de que algún rato no debió ser tan bueno, según comentas. Y olé por tu defensa de las fuerzas armadas!! Pero yo me acuerdo de aquel cómic... "Historias de la puta mili". Se pasaban de verdad, tan p...s?

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