Me resulta curioso observar como hay determinadas personas en España que a fuerza de tozudez pretenden erigirse en la quintaesencia, en lo más puro y acendrado del país. Esperanza Aguirre y Lucía Figar son dos de esas personas, pero me temo que no lo consiguen al escuchar uno sus declaraciones últimas referidas al conflicto innecesariamente creado con las instrucciones enviadas a los centros educativos para el comienzo de curso.
Al contrario, ambas son unas auténticas antipatriotas. Y son antipatriotas porque ser patriota es tener amor a la patria y procurar todo su bien. Ellas hacen absolutamente todo lo opuesto; procuran todo su mal y lo procurarán aún más si llegan, en algún momento, a gobernar la nación entera.
Y procuran todo su mal al desmantelar uno de los pilares básicos de la riqueza de un país: la educación. La educación, principalmente la educación pública, pero no únicamente pues al permitir determinadas prácticas en la escuela concertada o en la escuela privada están minando la base de todo el sistema en su conjunto.
Creo además que ambas confunden dos términos distintos; instrucción y educación. Ambas pretenden crear no un sistema educativo sino un sistema de instrucción entendida ésta en su acepción militar como el conjunto de enseñanzas, prácticas, etc., para el adiestramiento del alumno.
¿Y qué es adiestrar sino amaestrar, domar, guiar? ¿Es eso acaso lo que queremos que sean nuestros alumnos? ¿Ciudadanos adiestrados, amaestrados, domados y guiados, claro está por los de siempre, o ciudadanos libres con capacidad de análisis y criterio propio?
A mi entender, esto es lo que se va a lograr en el sistema educativo, perdón, de instrucción, que se está imponiendo en la Comunidad de Madrid. En este nuevo sistema se dejan de lado aspectos tan importantes como la formación integral de la persona, la orientación personal, profesional y social, la equidad y la igualdad, la solidaridad y la competencia sana, bien entendida, de mejorarse frente al otro pero no contra el otro.
Este conflicto generado por la Presidenta y la Consejera de manera artificial e interesada tiene que ver poco con las dos malditas horas de aumento para los profesores en su jornada de trabajo. No es sólo, aunque también, un conflicto laboral entre la empresa y los trabajadores de la educación, es un conflicto que afecta mayoritariamente y principalmente a toda la población que parece adormilada ante el acoso y derribo que sufre un endeble sistema creado con mucho esfuerzo desde 1977.
Lo que se haga ahora repercutirá negativamente en las generaciones futuras y por ende en la marcha general del país. Si ahora la tasa de abandono y fracaso escolar en España es disparatada esperen y verán lo que será en cinco o diez años cuando no haya ni un apoyo para aquellas personas con ritmo de aprendizaje distinto o se reduzca al mínimo la atención a personas con alguna discapacidad. ¿Qué va a ser de todas ellas? ¿Se expulsarán a miles de “malos alumnos” del sistema abandonándolos a su suerte? ¿Cómo se pretende integrarlos en la sociedad?
Tal vez crean que dejándolo en manos del mercado educativo, de la escuela privada, sea ésta subvencionada o menos pues ahora la escuela privada privadísima es también subvencionada por las desgravaciones fiscales, entre otras medidas, todo quedará resuelto. ¿No les sirve de ejemplo lo que ha pasado con las liberalizaciones ultra en otros sectores de la economía? ¿No son conscientes que nos abocan al desastre social creando más diferencias de las que hay en la actualidad y obstaculizando la cohesión social?
No me gusta ser agorero pero esta aparentemente simple medida de incrementar dos horas lectivas en la jornada laboral significará un retroceso mucho más grave que el retroceso económico que estamos ya padeciendo fruto de esta crisis generada por los mismos que ahora generan esta otra de carácter social.
Si Esperanza Aguirre y Lucía Figar tienen como modelo, como me temo, a la señora Maggie Thatcher o al Tea Party americano, deberían darse una vuelta por el Reino Unido, fuera de los centros de excelencia que no son representativos del país y fuera de los tópicos ingleses, y visitar las ciudades y barrios ordinarios de cualquier ciudad, o tomar alguno de los trenes que circulan por el país, o sus transportes públicos, o su sistema sanitario. Comprobarían que es un auténtico desastre que afecta sobre todo a la inmensa mayoría de la población que no tiene recursos económicos para pagarse de su bolsillo otros servicios alternativos, por supuesto privados.
Como siempre, los ingleses nos llevan la delantera, pero no teman, que esta vez les alcanzamos y con un poco de….mala suerte, les superamos en menos que canta un gallo.
Esperanza y Lucía, Lucía y Esperanza deberían aprender de la cita de Thomas Mann: “Wo ich bin, ist die Deustch Kultur” (“donde yo estoy, está la cultura alemana”), lo traduzco porque probablemente con tanta anglofilia no sepan ya que existen otras lenguas en el mundo, y decirse ellas mismas “donde nosotras estamos está la cultura y la educación madrileña, española”. Pero no porque las representen, líbrenos Dios de ello, sino por la carga que supone de responsabilidad. Lo que uno hace mal no se individualiza, por el contrario, se estereotipiza y se generaliza dando una imagen, en este caso de nuestra educación y cultura, errónea. ¿O no?
hola, muy buen articulo y cargado de razon.
ResponderEliminarDe un alumno de bachillerato